miércoles, 31 de julio de 2013

Visita de Nuestra Madre General

Fiesta de San Ignacio sí nuestro padre y abuelo de quien hemos recibido la experiencia maravillosa de los Ejercicios Espirituales:.
Fiesta en la comunidad también con la visita toda la semana de la Madre General, Madre Mª Christiane, con la que vamos compartiendo nuestra vida personal y comunitariamente
Tiempo de gracia para la comunidad que encomendamos a vuestra oración. Es el Señor que pasa entre nosotras y estamos de fiesta

PATERNIDAD

   Ignacio, el de Loyola, el de Manresa, el de Barcelona, el de Tierra Santa, el de Alcalá, el de Salamanca, el de París, el de Roma, el de los Ejercicios Espirituales, el de la Compañía de Jesús, tiene una verdadera paternidad cerca de nosotros, cerca de la Obra de de los Ejercicios Parroquiales que tuve el consuelo de iniciar, siendo aún casi novicio, por la huerta de Gandía, por la región Valenciana; que Dios me hizo organizar por Cataluña, transplantar al Uruguay, establecer en Francia…
  Cerca asimismo de la Institución de los Cooperadores Parroquiales de Cristo-Rey, que es hija de sus Ejercicios, hija de su genuino espíritu, hija también de las sabias Constituciones y Reglas con que dotó de vida y movimiento, de armas de estrategia y táctica de espiritual milicia a su gloriosa Compañía de Jesús.
  ¡Dichosos mis primeros Ejercicios Espirituales! Tuve casi que adivinarlos. ¡Qué poquísimos seglares los hacían entonces, en España al menos! ¡Casi nadie!... Al terminarlos un monaguillo de la Cueva, hoy religioso sacerdote de la Compañía de Jesús, me acompañó a la igesia del Rapto (desaparecida, ¡qué lástima!) Allí, junto a aquella estatua yacente (también, me temo, destruída), y que decía aquel día mil cosas a mi alma; solo, quise quedar solo, con la resolución más firme de consagrar toda mi vida a quellos Ejercicios, que acababan de descubrirme un mundo Nuevo y de revelarme la objetividad más real de la religion cristiana, me sentí hijo del Peregrino, hijo espiritual, que acababa de dar de Nuevo, el Santo, a luz (San Pablo, Gal. IV-17) con sus milagrosos y fecundísimos Ejercicios Espirituales.
  Y así le reconocí allí y tome allí por Padre a ese grande convertido, a ese grande santo, que se me antoja simbolizado y preanunciado por el Angel del Apocalipsis, que teniendo un pie en los continents y otro en los mares, mostraba al mundo un “librito abierto”, así: “librito” que invitaba al Apóstol San Juan, o al mundo, a devorar...
  Llena de consolaciones al alma el misterioso “librito”, revolviéndole a uno, sin embargo, hasta las entrañas.
  Dulce como la miel y amargo como el ajenjo…
  ¡Pero si el mundo lo devorase, sin perder de él parte ninguna, ni los títulos de sus cubiertas!...
P. Vallet, julio1946

martes, 30 de julio de 2013

La experiencia de los Ejercicios espirituales

  La experiencia y la gracia que tiene San Ignacio en Manresa se ha plasmado en los Ejercicios Espirituales que todos los hombres han asumido como una gracia de renovación y conversión.
    Los Ejercicios Espirituales van encauzados a la elección. A través del discernimiento va llevando al ejercitante a la elección, a que decida qué va a hacer con su vida. A descubrir su profunda vocación, a través de “hacernos indiferentes” quiere situarnos en la perspectiva de “hallar la voluntad de Dios” para seguirle por los caminos que nos marque el Espíritu.

   San Ignacio mete a “remojo” al ejercitante para que, a la luz de la Palabra de Dios “buscar” y “hallar” lo que Dios quiere de nosotros. No a base de “puños” sino sabiendo que el Señor nos guía y que tenemos que obedecer a todo lo que el Señor quiere de nosotros y como María tratar de cumplir en todo los designios del Dios de los imposibles.
    La experienia de Ejercicios Espirituales es un espacio del desierto: “La llevaré al desierto y allí le hablaré al corazón”. En la medida en que hacemos silencio en el corazón, la Palabra de Dios ilumina nuestra existencia para vivir cumpliendo el plan de Amor y de felicidad que Dios quiere para nosotros.

Monseñor Francisco Cerro

lunes, 29 de julio de 2013

Testimonio de fe y "de amor"

  Con puntualidad que desafiaba cualquier crítica a la organización, estando ya a las 19.30 horas locales la noche vencida sobre Río de Janeiro, comenzó el sábado la vigilia de oración de los jóvenes con el Papa. Era el penúltimo gran acto de la JMJ, y la tercera noche seguida en el que más de un millón de personas se juntaban en la playa de Copacabana, tras la acogida del jueves y el Via Crucis del viernes.
   Como en ambas fechas, la escenografía volvió a ser colorida y espectacular. Decenas de jóvenes procedentes de congregaciones y comunidades franciscanas (toda la noche tuvo ese peculiar estilo) fueron construyendo durante el acto una iglesia de madera, de respetable tamaño, que desmontaron después antes de la adoración eucarística que cerró la vigilia.
   A modo de hitos en esa construcción, cuatro jóvenes ofrecieron su testimonio de fe y "de amor", como proclamó el introductor de la ceremonia. También San Francisco de Asís, dijo "fue un joven que respondio a Cristo en su tiempo y construyó una iglesia para el nuevo Pentecostés".
   El primero en subir al estrado, Carlos, de 30 años, confesó haber sido "un joven educado en los valores cristianos". Pero cuando su padre perdió su trabajo, siendo él adolescente, llegaron momentos malos y se metió en las drogas ("marihuana, ácido, cocaina"). "Ya no me reconocía", dijo, a medida que se convertía en una persona agresiva y rebelde: "Excluí definitivamente a Dios de mi vida".
   Nada le detenía, ni su madre llorando ante él: "Hijo, ¿sabes cómo sufre una madre por no poder confiar en su propio hijo?". Cuando supo que su hermano ingresaba en el seminario para ser sacerdote, su respuesta fue ahondar en el mal. Empezó a robar, a vender droga, "a convivir con traficantes y tiroteos".
  Luego se echó una novia practicante de la magia negra. La dejó embarazada y la chica abortó de tres meses. "Aquello nos dejó tan chocados que comprendimos que teníamos que cambiar de vida". Paradójicamente, cuando su novia le planteó a quién podrían tomar como modelo, él se acordó de alguien a quien odiaba: "Pensé en Jesús Crucificado".
  Era el principio de la restauración. Un día, caminando por la playa de Ipanema, se encontró con una amiga que le invitó a ir a misa. Era Domingo de Pascua. No sabe por qué, pero fue. "Poco a poco fui volviendo a la Iglesia. Dejé los vicios y me acabé confesando. ¡Qué importante es verbalizar un error y admitir que sin Dios no podemos nada!".
  Entonces llegó la reconciliación con sus padres: "Sé que no soy el hijo que esperabais, pero quería pediros perdón por todo el sufrimiento que os he causado". Y se encontró con la respuesta de su madre: "Hijo, no digas tonterías, eres mi mejor orgullo". Y lo comparó con la reacción de Dios: "Aunque nos alejemos de Él, Él siempre está ahí".
  El siguiente fue un joven misionero con sotana, quien relató su experiencia como "sacerdote en tierras desconocidas", en la selva del Mato Grosso. "He sido testigo de la grandeza y la riqueza de nuestra Iglesia", proclamó, cuando tuvo que adaptarse a la cultura local "por el bien de la misión y del pueblo, por la dificultad de colaborar sin herir la fe de las personas".
   El padre Flavio Matías explicó que todos los jueves dice misa a las 6.15 horas de la mañana a los jóvenes miembros de una tribu. Ellos y él tienen que recorrer kilómetros por la selva para acudir, de ahí que no pueda ser más frecuente.
  Pero es "un pueblo sencillo y humilde que por la falta de sacerdotes tienen que luchar para mantener la fe". Es una "Iglesia que sufre": "Y siento que estoy en el sitio correcto, por la presencia del sacerdote, la presencia eucarística y la presencia de la Palabra. Dios me toca a través de las cosas simples, y eso ha aumentado mi deseo de servir más a la Iglesia. Al ayudarles a crecer en la fe, crezco yo también".
  Y concluyó con una frase muy de Francisco y su predicación del olor a oveja: "No hay otra forma de ser pastor que estar con las ovejas. No basta con indicarles el camino, hay que hacerlo con ellas".
  El tercero fue Felipe Passos, de 23 años. Salió en silla de ruedas, aunque tardamos en saber por qué.
   Contó que "desde niño buscaba sentir el amor de Dios más profundamente, tener una experiencia con Dios más fuerte". Esa historia empezó a hacerse realidad en la JMJ de Madrid: "Pude ir, casi sin dinero, gracias a la ayuda de muchas personas. Viví experiencias que fueron enraizando y purificando mi fe. En el día de la Vigilia tuve una experiencia muy fuerte con Jesús. Miré aquella cruz de Juan Pablo II peregrino del amor, miré el icono de Nuestra Señor, miré la multitud como la estoy mirando ahora, y sentí en el silencio del Papa Benedicto XVI aquel silencio que él pidió".

Fue en ese momento: "Puedo deciros que oí la voz de Dios. Después volví a Brasil con el corazón en llamas, lleno del Espíritu Santo". Y sabiendo que la siguiente etapa era en Río de Janeiro, dos años después.
   Él y sus amigos del grupo de oración estuvieron durante meses trabajando para reunir el dinero con el que poder ir a Río. Ese dinero estaba en casa de Felipe. Pero el 13 de enero, dos días antes de cumplir los 23 años, le asaltaron: "Dos personas entraron en mi casa para robar ese dinero. Yo miraba a mi madre y a mis hermanos y recordaba todo el esfuerzo hecho para realizar ese sueño. Me dispararon, y mi vida pudo terminar allí".
  Pero no fue así.  "La misericordia de Dios fue tan grande, que Dios en menos de dos minutos hizo que vinieran dos bomberos a sacarme de la parada cardiovascular que tuve antes de ir al hospital. El médico le dijo a mis padres que no sobreviviría. Mi madre dijo que sí, con fe en la oración. Recibí la extremaunción. Y estoy aquí".
   Una campaña nacional e internacional de oración pidió para que se salvase. "Yo estaba en coma inducido e intubado, pero conseguí pedir la Eucaristía. La misericordia de Dios ese día fue enorme. Dios me dio una cruz, que es mi silla de ruedas".
  Y entonces Felipe empezó a interactuar con el millón y medio de personas que le escuchaban: "Quiero que cada uno coja su cruz del peregrino y la mire: obispos, cardenales, todos, miren a la cruz. Hoy esta cruz en mi vida es mi silla. ¿Cuál es tu cruz?".
  Les pidió que se la quitasen del cuello para mirarla y se arrodillasen ante ella y gritasen "Esta es nuestra cruz". ¡Lo hicieron! Y proclamó: "Un día intentaron derrumbarme con mi cruz, pero no lo consiguieron. Esta cruz me ha levantadao y es la cruz de la resurrección, de la victoria, de una nueva generación de adoradores, de jóvenes con fe, con fuego en el Espíritu Santo. Amén".
  Por último, tomó el micrófono Ana Vitoria Ferreira Vidal, una joven de 21 años que trabaja en recursos humanos, estudia 3º de administración y desempeña labores apostólicas en la diócesis.
  Pero eso es ahora. Cuando tenía doce años, su madre, enferma de anorexia, siempre entre la vida y la muerte, que le decía que la odiaba, la arrastraba hacia el mal. Ana Vitoria era adicta a los horóscopos, a "la musica prohibida", a hablar con tacos y blasfemias.
  Un día, sin embargo, escuchó por azar en la radio una canción sobre el amor de Dios, que cambió su vida: "Cuando tuve esa experiencia me enamoré de un Dios que se deja encontrar, que pone en nuestro corazón el deseo de buscarlo y amarlo".
  "Mi refugio estuvo en las Sagradas Escrituras: Dios prepara mi corazón para cualquier problema", dijo, y citó Isaías 49, 15 como expresión de ese amor divino: "¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré".
  Su madre padecía convulsiones, no podía andar, no creía en Dios. La llevó a un encuentro de sanación, y volvió caminando. Su existencia dio un giro, como la de su hija.
  Tras los testimonios, se cantó la Oración de San Francisco y se procedió a la adoración eucarística, acompañada por canciones de un repertorio de nueva música cristiana, que algunos intérpretes cantaron de rodillas: En tu presencia, Todo mío, Lord I need you, Gloria, Tan sublime sacramento (versión moderna del Tantum Ergo) y Recibe la fuerza precedieron a la Salve Regina en latín, para rematar con un Jesus Christ, you are my life, que miles de personas entonaron abrazándose, con un magnífico regusto de fin de fiesta.
De Religión en libertad

domingo, 28 de julio de 2013

Id sin miedo para servir

   «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos». Con estas palabras, Jesús se dirige a cada uno de ustedes diciendo: «Qué bonito ha sido participar en la Jornada Mundial de la Juventud, vivir la fe junto a jóvenes venidos de los cuatro ángulos de la tierra, pero ahora tú debes ir y transmitir esta experiencia a los demás».
   Jesús te llama a ser discípulo en misión. A la luz de la palabra de Dios que hemos escuchado, ¿qué nos dice hoy el Señor? Tres palabras
                       Vayan, 
                             sin miedo, 
                                  para servir.
   1. Vayan. En estos días aquí en Río, han podido experimentar la belleza de encontrar a Jesús y de encontrarlo juntos, han sentido la alegría de la fe. Pero la experiencia de este encuentro no puede quedar encerrada en su vida o en el pequeño grupo de la parroquia, del movimiento o de su comunidad. Sería como quitarle el oxígeno a una llama que arde.
   La fe es una llama que se hace más viva cuanto más se comparte, se transmite, para que todos conozcan, amen y profesen a Jesucristo, que es el Señor de la vida y de la historia (cf. Rm 10,9).   Pero ¡cuidado! Jesús no ha dicho: si quieren, si tienen tiempo, sino: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos». Compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la fe, anunciar el evangelio es el mandato que el Señor confía a toda la Iglesia, también a ti; es un mandato que no nace de la voluntad de dominio o de poder, sino de la fuerza del amor, del hecho que Jesús ha venido antes a nosotros y nos ha dado, no algo de sí, sino todo él, ha dado su vida para salvarnos y mostrarnos el amor y la misericordia de Dios.
   Jesús no nos trata como a esclavos, sino como a hombres libres, amigos, hermanos; y no sólo nos envía, sino que nos acompaña, está siempre a nuestro lado en esta misión de amor.  ¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente.
    El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor.   En particular, quisiera que este mandato de Cristo: «Vayan», resonara en ustedes jóvenes de la Iglesia en América Latina, comprometidos en la misión continental promovida por los obispos. Brasil, América Latina, el mundo tiene necesidad de Cristo.
San Pablo dice: «¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!» (1 Co 9,16). Este continente ha recibido el anuncio del evangelio, que ha marcado su camino y ha dado mucho fruto. Ahora este anuncio se os ha confiado también a ustedes, para que resuene con renovada fuerza.
  La Iglesia necesita de ustedes, del entusiasmo, la creatividad y la alegría que les caracteriza. Un gran apóstol de Brasil, el beato José de Anchieta, se marchó a misionar cuando tenía sólo diecinueve años. 
  ¿Saben cuál es el mejor medio para evangelizar a los jóvenes? Otro joven. Éste es el camino que hay que recorrer.
   2. Sin miedo. Puede que alguno piense: «No tengo ninguna preparación especial, ¿cómo puedo ir y anunciar el evangelio?». Querido amigo, tu miedo no se diferencia mucho del de Jeremías, un joven como ustedes, cuando fue llamado por Dios para ser profeta.
   Recién hemos escuchado sus palabras: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que sólo soy un niño». También Dios dice a ustedes lo que dijo a Jeremías: «No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» (Jr 1,6.8). Él está con nosotros.   «No tengan miedo». Cuando vamos a anunciar a Cristo, es él mismo el que va por delante y nos guía. Al enviar a sus discípulos en misión, ha prometido: «Yo estoy con ustedes todos los días» (Mt 28,20). Y esto es verdad también para nosotros. Jesús no nos deja solos, nunca les deja solos. Les acompaña siempre.  Además Jesús no ha dicho: «Ve», sino «Vayan»: somos enviados juntos. 
  Queridos jóvenes, sientan la compañía de toda la Iglesia, y también la comunión de los santos, en esta misión. Cuando juntos hacemos frente a los desafíos, entonces somos fuertes, descubrimos recursos que pensábamos que no teníamos. Jesús no ha llamado a los apóstoles a vivir aislados, los ha llamado a formar un grupo, una comunidad.
   Quisiera dirigirme también a ustedes, queridos sacerdotes que concelebran conmigo en esta eucaristía: han venido para acompañar a sus jóvenes, y es bonito compartir esta experiencia de fe. Pero es una etapa en el camino. Sigan acompañándolos con generosidad y alegría, ayúdenlos a comprometerse activamente en la Iglesia; que nunca se sientan solos.
   3. La última palabra: para servir. Al comienzo del salmo que hemos proclamado están estas palabras: «Canten al Señor un cántico nuevo» (95,1).

   ¿Cuál es este cántico nuevo? No son palabras, no es una melodía, sino que es el canto de su vida, es dejar que nuestra vida se identifique con la de Jesús, es tener sus sentimientos, sus pensamientos, sus acciones. Y la vida de Jesús es una vida para los demás. Es una vida de servicio.   San Pablo, en la lectura que hemos escuchado hace poco, decía: «Me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles» (1 Co 9,19). Para anunciar a Jesús, Pablo se ha hecho «esclavo de todos».
  Evangelizar es dar testimonio en primera persona del amor de Dios, es superar nuestros egoísmos, es servir inclinándose a lavar los pies de nuestros hermanos como hizo Jesús.
    Vayan, sin miedo, para servir. Siguiendo estas tres palabras experimentarán que quien evangeliza es evangelizado, quien transmite la alegría de la fe, recibe alegría. 
  Queridos jóvenes, cuando vuelvan a sus casas, no tengan miedo de ser generosos con Cristo, de dar testimonio del evangelio.
  En la primera lectura, cuando Dios envía al profeta Jeremías, le da el poder para «arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar» (Jr 1,10). También es así para ustedes. Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo. Jesucristo cuenta con ustedes. La Iglesia cuenta con ustedes.
  El Papa cuenta con ustedes. Que María, Madre de Jesús y Madre nuestra, les acompañe siempre con su ternura: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos». Amén.

VIGILIA JMJ RÍO

   Mirándolos a ustedes en este momento, me hace recordar a la historia de San Francisco de Asís, que mirando al crucifijo escucha la voz que le dice: “Francisco, repara mi casa”. Y el joven Francisco responde con prontitud y generosidad a esta llamada del Señor: “repara mi casa”. Pero, ¿qué casa? Poco a poco se da cuenta de que no se trataba de hacer de albañil y reparar un edificio de piedra, sino de dar su contribución a la vida de la Iglesia; se trataba de ponerse al servicio de la Iglesia, amándola y trabajando para que en ella se reflejara cada vez más el rostro de Cristo.
  También hoy el Señor sigue necesitando a los jóvenes para su Iglesia. Queridos jóvenes, el Señor los necesita. También hoy, llama a cada uno de ustedes a seguirlo en su Iglesia y a ser misioneros. ¿Cómo? ¿De qué manera? …como tuvimos que cancelar por el mal tiempo la realización de esta vigilia en el Campo Fidei en Guaratiba, ¿no estaría el Señor queriendo decirnos que el verdadero campo de la fe, el verdadero Campo Fidei no es un lugar geográfico, sino que somos nosotros? Sí, es verdad, cada uno de nosotros, cada uno de ustedes, yo, todos. Y ser discípulo misionero significa saber que somos el campo de la fe de Dios.
   Por eso, a partir de la imagen del Campo de la Fe, pensé en tres imágenes que nos pueden ayudar a entender mejor lo que significa ser un discípulo-misionero: la primera, el campo como lugar donde se siembra; la segunda, el campo como lugar de entrenamiento; y la tercera, el campo como obra en construcción.
   1. El campo como lugar donde se siembra. Todos conocemos la parábola de Jesús que habla de un sembrador que salió a sembrar en un campo; algunas simientes cayeron al borde del camino, entre piedras o en medio de espinas, y no llegaron a desarrollarse; pero otras cayeron en tierra buena y dieron mucho fruto (cf. Mt 13,1-9). Jesús mismo explicó el significado de la parábola: La simiente es la Palabra de Dios sembrada en nuestro corazón (cf. Mt 13,18-23). Hoy, todos los días, pero hoy de manera especial, Jesús siembra. Cuando aceptamos la Palabra de Dios, entonces somos el Campo de la Fe. Por favor, dejen que Dios y su Palabra, entren en su vida. Dejen entrar la simiente de la Palabra de Dios. Dejen que germine, dejen que crezca. ¡Dios hace todo, pero ustedes déjenlo hacer! Dejen que Él trabaje en ese crecimiento.   Jesús nos dice que las simientes que cayeron al borde del camino, o entre las piedras y en medio de espinas, no dieron fruto. Creo que con honestidad podemos hacernos la pregunta ¿Qué clase de terreno somos, qué clase de terreno queremos ser? Quizás somos a veces como el camino: escuchamos al Señor, pero no cambia nada en la vida, porque nos dejamos atontar por tantos reclamos superficiales que escuchamos. 
  Yo les pregunto, pero no contesten ahora, contesten en su corazón ¿Yo soy un joven, una joven atontado? O somos como el terreno pedregoso: acogemos a Jesús con entusiasmo, pero somos inconstantes ante las dificultades, no tenemos el valor de ir contracorriente. Cada uno contestamos en nuestro corazón, ¿tengo valor o soy cobarde?; o somos como el terreno espinoso: las cosas, las pasiones negativas sofocan en nosotros las palabras del Señor (cf. Mt 13,18-22). ¿Tengo en mi corazón la costumbre de jugar a dos puntas? ¿Quedar bien con Dios y quedar bien con el diablo? ¿Querer recibir la semilla de Jesús y a la vez regar las espinas y los yuyos que nacen en mi corazón? 
   Cada uno en silencio se contesta. Hoy, sin embargo, estoy seguro de que la simiente puede caer en buena tierra. Escuchamos estos testimonios, ¡cómo la simiente cayó en buena tierra! “No Padre, yo no soy buena tierra, soy una calamidad, lleno de piedras, de espinas y de todo”. Sí, puede que eso haya arriba, pero hacé un pedacito, hacé un cachito de buena tierra, y dejá que caiga ahí ¡y vas a ver cómo germina! Yo sé que ustedes quieren ser buena tierra. Cristianos en serio, no cristianos a medio tiempo, no cristianos almidonados con la nariz así, que parecen cristianos y en el fondo no hacen nada. No cristianos de fachada. Esos cristianos que son pura facha, sino cristianos auténticos. Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una libertad “chirle” (aguado, inconsistente) que se deja arrastrar por la moda y las conveniencias del momento. 
   Sé que ustedes apuntan a lo alto, a decisiones definitivas que den pleno sentido. ¿Es así o me equivoco? Bueno, si es así, hagamos una cosa, todos en silencio, mirémonos al corazón y cada uno dígale a Jesús  que quiere recibir la semilla, dígale a Jesús ‘mirá Jesús  las piedras que hay, mirá las espinas, mirá los yuyos, pero mirá este cachito de tierra que te ofrezco para que entre la semilla. En silencio dejamos entrar la semilla de Jesús. Acuérdense de este momento. Cada uno sabe el nombre de la semilla que entró. Déjenla crecer y Dios la va a cuidar.
   2. El campo, además de ser lugar de siembre, es lugar de entrenamiento. Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que «juguemos en su equipo». 
   A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí, en Brasil, como en otros países, el fútbol es una pasión nacional ¿Sí o no? Pues bien, ¿qué hace un jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor. San Pablo nos dice: «Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible» (1 Co 9,25). 
   ¡Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda, una vida feliz, y también un futuro con él que no tendrá fin, allá en la vida eterna. Pero nos pide que paguemos la entrada. La entrada es que nos entrenemos para «estar en forma», para afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de nuestra fe. 
   A través del diálogo con él: la oración. ‘Padre, ahora no nos va a hacer rezar a todos, ¿no?’ Les pregunto, pero contestan en su corazón en silencio ‘¿yo rezo?’ cada uno se contesta. ¿Yo hablo con Jesús? ¿o le tengo miedo al silencio? ¿dejo que el Espíritu Santo hable en mi corazón? Yo le pregunto a Jesús ¿qué querés que haga? ¿Qué querés de mi vida? Esto es entrenarse. Pregúntenle a Jesús, hablen con Jesús. Y si cometen un error en la vida, si se pegan un resbalón, si hacen algo que está mal. No tengan miedo. ‘Jesús, mirá lo que hice ¿qué tengo que hacer ahora?’ Pero siempre hablen con Jesús. ¡En las buenas y en las malas! ¡Cuando hacen una cosa buena y cuando hacen una cosa mala! ¡No le tengan miedo, eso es la oración! Y con eso se van entrenando en el diálogo con Jesús en este discipulado misionero. Y también a través de los sacramentos, que hacen crecer en nosotros su presencia. A través del amor fraterno, del saber escuchar, comprender, perdonar, acoger, ayudar a los otros, a todos, sin excluir y sin marginar. 
   Estos son los entrenamientos para seguir a Jesús: La oración, los sacramentos y la ayuda a los demás. El servicio a los demás.
3. El campo como obra en construcción. Acá estamos viendo cómo se ha construido esto aquí (la iglesia de madera levantada por los jóvenes) Se empezaron a mover los muchachos, las chicas, movieron y construyeron una iglesia. Cuando nuestro corazón es una tierra buena que recibe la Palabra de Dios, cuando «se suda la camiseta», tratando de vivir como cristianos, experimentamos algo grande: nunca estamos solos, formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino: somos parte de la Iglesia; Los muchachos, estas chicas, no están solos. En conjunto hicieron un camino y construyeron la iglesia. En conjunto hicieron lo de San Francisco: construir, reparar la iglesia. Les pregunto ¿quieren construir la Iglesia? ¿Se animan? ¿Y mañana se van a olvidar de este ‘sí’ que dijeron?
   Somos parte de la Iglesia. Más aún, nos convertimos en constructores de la Iglesia y protagonistas de la historia. Chicos y chicas, por favor, no se metan en la cola de la historia, ¡sean protagonistas! ¡Jueguen para adelante! ¡Pateen adelante! ¡Construyan un mundo mejor! ¡Un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad! ¡Juéguenla adelante siempre! San Pedro nos dice que somos piedras vivas que forman una casa espiritual (cf. 1 P 2,5). 
   Y mirando este palco, vemos que tiene la forma de una iglesia construida con piedras, con ladrillos. En la Iglesia de Jesús, las piedras vivas somos nosotros, y Jesús nos pide que edifiquemos su Iglesia. Cada uno de nosotros es una piedra viva, es un pedacito de la construcción, y si falta ese pedacito cuando viene la lluvia entra la gotera y se mete el agua dentro de la casa. Cada pedacito vivo tiene que cuidar la unidad y la seguridad de la Iglesia. Y no construir una pequeña capilla donde sólo cabe un grupito de personas. Jesús nos pide que su Iglesia sea tan grande que pueda alojar a toda la humanidad, que sea la casa de todos. Jesús me dice a mí, a vos, a cada uno: «Vayan, y hagan discípulos a todas las naciones». Esta tarde, respondámosle: Sí, Señor, también yo quiero ser una piedra viva; juntos queremos construir la Iglesia de Jesús. Quiero ir y ser constructor de la Iglesia de Cristo.
  Tu corazón joven quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo que en tantos jóvenes, en muchas partes del mundo han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas los cambios. ¡Ustedes son los que tienen el futuro! Por ustedes entra el futuro en el mundo. A ustedes también les pido que sean protagonistas de este cambio. Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. Les pido que sean constructores del futuro. Que se metan en el trabajo por un mundo mejor.
   Queridos jóvenes, por favor ¡no balconeen en la vida! ¡Métanse en ella! ¡Jesús no se quedó en el balcón, se metió! ¡No balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús! Sin embargo, queda una pregunta: ¿Por dónde empezamos? ¿A quién le pedimos que empiece esto? 
   Una vez le preguntaron a la Madre Teresa qué era lo que debía cambiar en la Iglesia, y para empezar, ¿por qué pared de la Iglesia empezamos? ¿Por dónde hay que empezar?: ‘Por vos y por mí’, contestó ella. Tenía garra esta mujer. Sabía por dónde había que empezar. Yo también, hoy, le robo la palabra a la Madre Teresa, y te digo ¿empezamos?, ¿por dónde? Por vos y por mí. Cada uno en silencio, otra vez, pregúntese si ¿tengo que empezar por mí? ¿Por dónde empiezo? Cada uno abra su corazón para que Jesús le diga por dónde empiezo.
    Queridos amigos, no se olviden: ustedes son el campo de la fe. Ustedes son los atletas de Cristo. Ustedes son los constructores de una Iglesia más hermosa y de un mundo mejor.
   Levantemos nuestros ojos hacia la Virgen. Ella nos ayuda a seguir a Jesús, nos da ejemplo con su «sí» a Dios: «Aquí está la esclava del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho» (Lc 1,38). Se lo digamos también nosotros a Dios, junto con María: Hágase en mí según tu palabra. Que así sea.

sábado, 27 de julio de 2013

Vía Crucis con Francisco

   Hemos venido hoy aquí para acompañar a Jesús a lo largo de su camino de dolor y de amor, elcamino de la Cruz, que es uno de los momentos fuertes de la Jornada Mundial de la Juventud. Al concluir el Año Santo de la Redención, el beato Juan Pablo II quiso confiarles a ustedes, jóvenes, la Cruz diciéndoles: "Llévenla por el mundo como signo del amor de Jesús a la humanidad, y anuncien a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención" (Palabras al entregar la cruz del Año Santo a los jóvenes, 22 de abril de 1984: Insegnamenti VII,1 (1984), 1105). Desde entonces, la Cruz ha recorrido todos los continentes y ha atravesado los más variados mundos de la existencia humana, quedando como impregnada de las situaciones vitales de tantos jóvenes que la han visto y la han llevado.
   Nadie puede tocar la Cruz de Jesús sin dejar en ella algo de sí mismo y sin llevar consigo algo de la cruz de Jesús a la propia vida.
   Esta tarde, acompañando al Señor, me gustaría que resonasen en sus corazones tres preguntas: ¿Qué han dejado ustedes en la Cruz, queridos jóvenes de Brasil, en estos dos años en los que ha recorrido su inmenso país? Y ¿qué ha dejado la Cruz en cada uno de ustedes? Y, finalmente, ¿qué nos enseña para nuestra vida esta Cruz?
   1. Una antigua tradición de la Iglesia de Roma cuenta que el apóstol Pedro, saliendo de la ciudad para huir de la persecución de Nerón, vio que Jesús caminaba en dirección contraria y enseguida le preguntó: "Señor, ¿adónde vas?". La respuesta de Jesús fue: "Voy a Roma para ser crucificado de nuevo". En aquel momento, Pedro comprendió que tenía que seguir al Señor con valentía, hasta el final, pero entendió sobre todo que nunca estaba solo en el camino; con él estaba siempre aquel Jesús que lo había amado hasta morir en la Cruz.
   Miren, Jesús con su Cruz recorre nuestras calles para cargar con nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros sufrimientos, también los más profundos. Con la Cruz, Jesús se une al silencio de las víctimas de la violencia, que no pueden ya gritar, sobre todo los inocentes y los indefensos; con ella, Jesús se une a las familias que se encuentran en dificultad, que lloran la pérdida de sus hijos, o que sufren al verlos víctimas de paraísos artificiales como la droga; con ella, Jesús se une a todas las personas que sufren hambre en un mundo que cada día tira toneladas de alimentos; con ella, Jesús se une a quien es perseguido por su religión, por sus ideas, o simplemente por el color de su piel; en ella, Jesús se une a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio. En la Cruz de Cristo está el sufrimiento, el pecado del hombre, también el nuestro, y Él acoge todo con los brazos abiertos, carga sobre su espalda nuestras cruces y nos dice: ¡Ánimo! No la llevas tú solo. Yo la llevo contigo y yo he vencido a la muerte y he venido a darte esperanza, a darte vida (cf. Jn 3,16). 
   2. Y así podemos responder a la segunda pregunta: ¿Qué ha dejado la Cruz en los que la han visto, en los que la han tocado? ¿Qué deja en cada uno de nosotros? Deja un bien que nadie más nos puede dar: la certeza del amor indefectible de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, su inmensa misericordia. Y es un amor del que podemos fiarnos, en el que podemos creer.  
   Queridos jóvenes, fiémonos de Jesús, confiemos totalmente en Él (cf. Lumen fidei, 16). Sólo en Cristo muerto y resucitado encontramos salvación y redención. Con Él, el mal, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, porque Él nos da esperanza y vida: ha transformado la Cruz de instrumento de odio, de derrota, de muerte, en signo de amor, de victoria y de vida.
   El primer nombre de Brasil fue precisamente "Terra de Santa Cruz". La Cruz de Cristo fue plantada no sólo en la playa hace más de cinco siglos, sino también en la historia, en el corazón y en la vida del pueblo brasileño, y en muchos otros. A Cristo que sufre lo sentimos cercano, uno de nosotros que comparte nuestro camino hasta el final. No hay en nuestra vida cruz, pequeña o grande, que el Señor no comparta con nosotros. 
   3. Pero la Cruz nos invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto, y a salir de nosotros mismos para ir a su encuentro y tenderles la mano. Muchos rostros han acompañado a Jesús en su camino al Calvario: Pilato, el Cireneo, María, las mujeres… También nosotros podemos ser para los demás como Pilato, que no tiene la valentía de ir contracorriente para salvar la vida de Jesús y se lava las manos. Queridos amigos, la Cruz de Cristo nos enseña a ser como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura. Y tú, ¿como quién eres? ¿Como Pilato, como el Cireneo, como María?
   Queridos jóvenes, llevemos nuestras alegrías, nuestros sufrimientos, nuestros fracasos a la Cruz de Cristo; encontraremos un Corazón abierto que nos comprende, nos perdona, nos ama y nos pide llevar este mismo amor a nuestra vida, amar a cada hermano o hermana nuestra con ese mismo amor. Que así sea.

Oracion del Papa a la Virgen

Madre Aparecida, como Tú un día,
así me siento hoy delante de ti y de Dios,
que nos propone una misión para la vida
los cuales contornos y límites no conocemos,
las cuales exigencias apenas entrevemos.

Pero en Tu fe, gracias a la cual
“nada es imposible para Dios”
Tu, oh Madre, no has flaqueado
  y yo no puedo flaquear.
"Aquí está la Sierva del Señor,
que se haga en mí según tu Palabra"
Así, o Tú o como Tú,
yo abrazo mi misión
en tus manos pongo mi vida
y vamos, Tu-Madre y Yo-hijo,
a caminar juntos, a creer juntos,
a luchar juntos, a vencer juntos,
como siempre juntos caminasteis Tu y Tu Hijo.

Mujer, aquí está tu Hijo! Hijo, aquí está tu Madre!

Madre Aparecida,
un día llevaste tu Hijo al Templo para consagrarlo al Padre
para que fuera totalmente disponible a la misión.
Llévame hoy al mismo Padre,
Conságrame a Él con todo aquello que soy
y con todo aquello que tengo.
Aquí estoy! Envíame!
Madre Aparecida,
Pongo en tus manos
y llevo al Padre nuestros y tus jóvenes,
la Jornada Mundial de la Juventud:
cuánta fuerza, cuánta vida,
y cuánto dinamismo que germina y florece
y que puede estar al servicio de la vida
y de la humanidad.

Acoge y santifica, oh Padre, a Tú Juventud!
En fin, Madre, te pedimos: Quédate aquí,
Acoge siempre a tus hijos e hijas peregrinos

Pero ven también con nosotros,
Quédate siempre a nuestro lado
Y acompaña en la misión, la gran familia de fieles,
sobre todo cuando la Cruz pesa  más
y sostén nuestra esperanza y nuestra fe.

Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida! 
Amén

viernes, 26 de julio de 2013

PON FE

   Quiero primero darle las gracias por el testimonio de fe que ustedes están dando al mundo. Siempre oí decir que a los cariocas no les gusta el frío y la lluvia. Pero ustedes están mostrando que la fe de ustedes es más fuerte que el frío y la lluvia. ¡Enhorabuena! Ustedes son verdaderamente grandes héroes.
    Veo en ustedes la belleza del rostro joven de Cristo, y mi corazón se llena de alegría. Recuerdo la primera Jornada Mundial de la Juventud a nivel internacional. Se celebró en 1987 en Argentina, en mi ciudad de Buenos Aires. Guardo vivas en la memoria estas palabras de Juan Pablo II a los jóvenes: “¡Tengo tanta esperanza en vosotros! Espero sobre todo que renovéis vuestra fidelidad a Jesucristo y a su cruz redentora” 

   El tren de esta Jornada Mundial de la Juventud ha venido de lejos y ha atravesado la Nación brasileña siguiendo las etapas del proyecto “Bota fe - Poned fe”. Hoy ha llegado a Río de Janeiro. Desde el Corcovado, el Cristo Redentor nos abraza y nos bendice. Viendo este mar, la playa y a todos ustedes, me viene a la mente el momento en que Jesús llamó a sus primeros discípulos a orillas del lago de Tiberíades. 
   Hoy Jesús nos sigue preguntando: ¿Querés ser mi discípulo? ¿Querés ser mi amigo? ¿Querés ser testigo del Evangelio? En el corazón del Año de la Fe, estas preguntas nos invitan a renovar nuestro compromiso cristiano. Sus familias y comunidades locales les han transmitido el gran don de la fe. Cristo ha crecido en ustedes. Hoy quiere venir aquí para confirmarlos en esta fe, la fe en Cristo vivo que habita en ustedes, pero he venido yo también para ser confirmado por el entusiasmo de la fe de ustedes. Ustedes saben que en la vida de un obispo hay tantos problemas que piden ser solucionados. Y con estos problemas y dificultades, la fe del obispo puede entristecerse, Qué feo es un obispo triste. Qué feo, que es. Para que mi fe no sea triste he venido aquí para contagiarme con el entusiasmo de ustedes.
   Los saludo con cariño. A ustedes aquí presentes, venidos de los cinco continentes y, a través de ustedes, saludo a todos los jóvenes del mundo, en particular a aquellos que querían venir a Río de Janeiro, y no han podido. A los que nos siguen por medio de la radio, y la televisión e internet, a todos les digo: ¡Bienvenidos a esta fiesta de la fe!
  "Qué bien se está aquí", exclamó Pedro, después de haber visto al Señor Jesús transfigurado, revestido de gloria. ¿Podríamos repetir también nosotros esas palabras? Pienso que sí, porque para todos nosotros, hoy, es bueno estar aquí reunidos en torno a Jesús. Él es quien nos acoge y se hace presente en medio de nosotros, aquí en Río. Pero en el Evangelio también hemos escuchado las palabras del Padre: "Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle" (Lc 9,35).
    Por tanto, si por una parte es Jesús el que nos acoge; por otra, también nosotros hemos de acogerlo, ponernos a la escucha de su palabra, porque precisamente acogiendo a Jesucristo, Palabra encarnada, es como el Espíritu nos transforma, ilumina el camino del futuro, y hace crecer en nosotros las alas de la esperanza para caminar con alegría (Lumen fidei, 7).
    Pero, ¿qué podemos hacer? "Bota fé – Pon fe". La cruz de la Jornada Mundial de la Juventud ha gritado estas palabras a lo largo de su peregrinación por Brasil. ¿Qué significa "Pon fe"? Cuando se prepara un buen plato y ves que falta la sal, "pones" sal; si falta el aceite, "pones" aceite… "Poner", es decir, añadir, echar.
    Lo mismo pasa en nuestra vida, queridos jóvenes: si queremos que tenga realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada uno y a cada una de ustedes: "pon fe" y tu vida tendrá un sabor nuevo, tendrá una brújula que te indicará la dirección; "pon esperanza" y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; "pon amor" y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo. ¡Pon fe, pon esperanza, pon amor!
    Pero, ¿quién puede darnos esto? En el Evangelio hemos escuchado la respuesta:  Cristo. "Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle". Jesús es quien nos trae a Dios y nos lleva a Dios, con él toda nuestra vida se transforma, se renueva y nosotros podemos ver la realidad con ojos nuevos, desde el punto de vista de Jesús, con sus mismos ojos (Lumen fidei, 18).
    Por eso hoy les digo con fuerza: "Pon a Cristo" en tu vida y encontrarás un amigo del que fiarte siempre; "pon a Cristo" y verás crecer las alas de la esperanza para recorrer con alegría el camino del futuro; "pon a Cristo" y tu vida estará llena de su amor, será una vida fecunda.
    Hoy me gustaría que todos nos preguntásemos sinceramente: ¿en quién ponemos nuestra fe? ¿En nosotros mismos, en las cosas, o en Jesús? Tenemos la tentación de ponernos en el centro, de creer que nosotros solos construimos nuestra vida, o que es el tener, el dinero, el poder lo que da la felicidad. Pero no es así.
    El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos, y terminamos empachados, pero no alimentados y es muy triste ver una juventud empachada, pero débil. La juventud tiene que ser fuerte, alimentarse de su fe y no empacharse de otras cosas”. 
   ¡"Pon a Cristo" en tu vida, pon tu confianza en él y no quedarás defraudado! Miren, queridos amigos, la fe lleva a cabo en nuestra vida una revolución que podríamos llamar copernicana, porque nos quita del centro y pone en él a Dios; la fe nos inunda de su amor que nos da seguridad, fuerza, esperanza. Aparentemente no cambia nada, pero, en lo más profundo de nosotros mismos, todo cambia.
   En nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22) y nuestra existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios. En el Año de la Fe, esta Jornada Mundial de la Juventud es precisamente un don que se nos da para acercarnos todavía más al Señor, para ser sus discípulos y sus misioneros, para dejar que él renueve nuestra vida.
    Querido joven, querida joven: "Pon a Cristo" en tu vida. En estos días, Él te espera en su Palabra; escúchalo con atención y su presencia enardecerá tu corazón. "Pon a Cristo": Él te acoge en el Sacramento del perdón, para curar, con su misericordia, las heridas del pecado. No tengas miedo de pedir perdón. Él no se cansa nunca de perdonarnos, como un padre que nos ama.
    ¡Dios es pura misericordia! "Pon a Cristo": Él te espera en el encuentro con su Carne en la Eucaristía, Sacramento de su presencia, de su sacrificio de amor, y en la humanidad de tantos jóvenes que te enriquecerán con su amistad, te animarán con su testimonio de fe, te enseñarán el lenguaje de la caridad, de la bondad, del servicio. También tú, querido joven, querida joven, puedes ser un testigo gozoso de su amor, un testigo entusiasta de su Evangelio para llevar un poco de luz a este mundo nuestro.
    "Qué bien se está aquí", poniendo a Cristo, la fe, la esperanza, el amor que él nos da, en nuestra vida. 
    Queridos amigos, en esta celebración hemos acogido la imagen de Nuestra Señora de Aparecida. Con María, queremos ser discípulos y misioneros. Como ella, queremos decir "sí" a Dios. Pidamos a su Corazón de Madre que interceda por nosotros, para que nuestros corazones estén dispuestos a amar a Jesús y a hacerlo amar. ¡Él nos espera y cuenta con nosotros! Amén.

jueves, 25 de julio de 2013

¡No tomen licuado de fe!

   "Gracias,  gracias, por estar hoy aquí,  por haber venido. Gracias a los que están adentro  y muchas gracias a los que están afuera, a los 30 mil me dicen que hay afuera. Desde acá los saludo,  están bajo la lluvia.
   Gracias por el gesto de acercarse, gracias por haber venido a la Jornada de la Juventud, yo  le sugerí al doctor Gasbarri que es el que maneja, que organiza el viaje, si hubiera un lugarcito para encontrarme con ustedes. Y en medio día tenía arreglado todo, así que también quiero agradecer públicamente también al doctor Gasbparri, esto que ha logrado hoy.
    Quisiera decir una cosa. ¿Qué es lo que espero como consecuencia  de la  Jornada de la Juventud? Espero lío. Que acá dentro va a haber lío va a haber, que acá en Río va a haber lío va a haber, pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos, las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir, sino salen se convierten en una ONG ¡y la Iglesia no puede ser una ONG!
   Que me perdonen los obispos y los curas, si alguno después le arma lío a ustedes, pero es el consejo. Gracias por lo que puedan hacer.
    Miren, yo pienso que en este momento esta civilización mundial se pasó de ‘rosca’, se pasó de ‘rosca’, porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos.
    Exclusión de los ancianos, por supuesto, porque uno podría pensar que podría haber una especie de eutanasia escondida es decir, no se cuida a los ancianos pero también está una eutanasia cultural. No se los deja hablar, no se los deja actuar. Exclusión de los jóvenes, el porcentaje que hay de jóvenes sin trabajo y sin empleo es muy alto y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo, o sea esta civilización nos ha llevado a excluir dos puntas que son el futuro nuestro.
    Entonces los jóvenes tiene que salir, tienen que hacerse valer, los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores, a luchar por esos valores, y los viejos abran  la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos.
    En el pueblo argentino, yo se los pido de corazón a los ancianos, no claudiquen de ser la reserva cultural de nuestro  pueblo que transmite la justicia, que transmite la historia, que trasmite  los valores , que transmite la memoria de pueblo. Y ustedes, por favor,  no se metan contra los viejos, déjenlos hablar, escúchenlos y lleven adelante. Pero sepan, sepan que en este momento ustedes los jóvenes y los ancianos están condenados al mismo destino: exclusión. No se dejen excluir, ¿está claro? Por eso creo que tienen que trabajar.
   Y la fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros, es un escándalo, y que haya muerto en la cruz, es un escándalo, el escándalo de la cruz. La cruz sigue siendo escándalo pero es el único camino seguro, el de la cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús.
   Por favor, ¡no licúen la fe en Jesucristo!, hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de banana pero, por favor, ¡no tomen licuado de fe!
   ¡La fe es entera, no se licúa, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó  y murió por mí.
   Entonces hagan  lío, cuiden los extremos del pueblo que son los ancianos y los jóvenes, no se dejen excluir y que no excluyan a los ancianos, segundo, y no licúen la fe en Jesucristo.
   Las bienaventuranzas. ¿Qué tenemos que hacer padre?, Mira lee las bienaventuranzas que te van a venir bien y si querés saber qué cosa práctica tienes que hacer, lee Mateo 25 que es el protocolo con el cual nos van juzgar. Con esas dos cosas tienen el programa de acción: las bienaventuranzas y Mateo 25 no necesitan leer otra cosa, se los pido de corazón.
   Bueno, les agradezco ya esta cercanía. Me da pena que estén enjaulados. Pero les digo una cosa, yo por momentos siento qué feo que es estar enjaulado, se los confieso de corazón.
   Los comprendo y me hubiera gustado estar más cerca de ustedes pero comprendo que por razón de orden no se puede.  Gracias por acercarse, gracias por rezar por mí. Se los pido de corazón, necesito, necesito de la oración de ustedes, necesito mucho. Gracias por eso.
   Les voy a dar la bendición y después vamos a bendecir la imagen de la Virgen que va a recorrer toda la república y la cruz de San Francisco que van a recorrer ‘misionaramente.
   Pero no se olviden: hagan lío, cuiden los dos extremos de la vida, los dos extremos de la historia de los pueblos que son los ancianos y los jóvenes, y no licúen la fe".