jueves, 28 de febrero de 2013

Para abrazar a toda la Iglesia difundida en el mundo

  Muchas gracias por haber venido tantos en esta última audiencia general de mi pontificado.
  Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, también yo siento en mi corazón la necesidad de agradecer sobretodo a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su palabra y así alimenta la fe de su pueblo.
  En este momento mi ánimo se extiende, por  decir así, para abrazar a toda la Iglesia difundida en el mundo y doy gracias a Dios por las 'noticias' que en estos años de ministerio petrino he podido recibir sobre la fe en el Señor Jesucristo, de la caridad que circula en el Cuerpo de la Iglesia y lo hace vivir en el amor, y de la esperanza que se nos abre y nos orienta hacia la vida en su plenitud, hacia la patria del Cielo.
   Siento que les tendré presentes a todos en la oración, en un presente que es aquel de Dios, donde recojo cada encuentro, cada viaje, cada visita pastoral. Todo y a todos les recojo en la oración para confiarlos al Señor: para que tengamos pleno conocimiento de su voluntad, con cada acto de su sabiduría e inteligencia espiritual, y para que podamos comportarnos de manera digna de Él, de su amor, haciendo fructificar cada obra buena. (cfr. Col 1,9).
  En este momento hay en mi una gran confianza porque sé, y lo sabemos todos nosotros, que la palabra de verdad, del evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El evangelio purifica y renueva, produce fruto en cualquier lugar donde la comunidad de los creyentes lo escucha, acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.
   Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años decidí asumir el ministerio de Pedro, tuve firmemente esta certeza que me ha siempre acompañado. En aquel momento, como expliqué en diversas oportunidades, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: ¿Señor por qué pides esto, y que es lo que me pides? Es un peso grande el que me pones sobre los hombros, pero si Tú me lo pides, en tu nombre echaré las redes, seguro de que Tú me guiarás, incluso con todas mis debilidades.
    Y el Señor verdaderamente me ha guiado y me ha estado cerca. He podido percibir cotidianamente su presencia. Y fue un tramo del camino de la Iglesia que tuvo momentos de alegría y de luz, y también momentos no fáciles. Me he sentido como san Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea. El Señor nos ha donado tantos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca fue abundante. Existieron también momentos en los cuales las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.
   Pero siempre he sabido que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya y no la deja hundirse. Es Él que la conduce, seguramente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo ha querido. Esta fue y es una certeza que nada puede ofuscar. Y por esto hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no le ha hecho faltar nunca a toda la Iglesia ni a mi, su consolación, su luz y su amor.
   Estamos en el Año de la Fe, que he querido para reforzar justamente nuestra fe en Dios, en un contexto que parece querer ponerlo cada vez más en segundo plano. Querría invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarse como niños en los brazos del Dios, con la seguridad de que aquellos brazos nos sostienen siempre y son lo que nos permite caminar cada día mismo cuando estamos cansados.
   Querría que cada uno se sintiera amado por aquel Dios que ha donado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites. Querría que cada uno sintiera la alegría de ser cristiano. En una hermosa oración que se reza cotidianamente por la mañana se dice: “Te adoro Dios mío, y te amo con todo el corazón. Te agradezco por haberme creado, hecho cristiano...” Sí, agradezcamos al Señor por esto cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. ¡Dios nos ama y espera que nosotros también lo amemos!
   Y no solamente a Dios quiero agradecerle en este momento. Un papa no está solo cuando guía la barca de Pedro, mismo si es su primera responsabilidad. Yo nunca me he sentido solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino. El Señor me ha puesto al lado a tantas personas que con generosidad y amor de Dios y a la Iglesia me ayudaron y me estuvieron cerca.
   Sobretodo ustedes, queridos hermanos cardenales; vuestra sabiduría, vuestros consejos, vuestra amistad me han sido preciosos. Mis colaboradores a partir del secretario de Estado que me ha acompañado con fidelidad durante estos años, la Secretaría de Estado y la Curia Romana, como todos aquellos que en los varios sectores dan sus servicios a la Santa Sede.
  Hay además tantos rostros que no aparecen, que se quedan en la sombra, pero justamente en el silencio, en la dedicación cotidiana, con espíritu de fe y humildad fueron para mi un apoyo seguro y confiable.
   ¡Un pensamiento especial va a la Iglesia de Roma, a mi diócesis! No puedo olvidar a mis hermanos en el episcopado y en el prebiterado, a las personas consagradas y a todo el pueblo de Dios. En las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, he siempre percibido gran atención y profundo afecto. Pero también yo les he querido bien a todos y a cada uno, sin distinciones, con aquella caridad pastoral que está en el corazón de cada Pastor, especialmente del obispo de Roma, del sucesor del apóstol Pedro. Cada día les he tenido presente, cada día en mi oración, con corazón de padre.
   Querría que mi saludo y mi agradecimiento llegara también a todos: el corazón de un papa se extiende al mundo entero. Y querría expresar mi gratitud al cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, que vuelve presente la gran familia de Naciones.
   Aquí pienso también a todos aquellos que trabajan para una buena comunicación y a quienes agradezco por su importante servicio.
   A este punto quiero agradecer verdaderamente y de corazón a todas las numerosas personas en todo el mundo que en las últimas semanas me han enviado signos conmovedores de atención, de amistad y de oración. Sí porque el papa no está nunca solo y ahora lo experimento nuevamente en una manera tan grande, que me toca el corazón.
   El papa le pertenece a todos, y tantas personas se sienten muy cerca de él. Es verdad que recibo cartas de los grandes del mundo: jefes de Estado, jefes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etc.
   Pero recibo también muchísimas cartas de personas simples que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir el afecto que nace del su estar junto a Jesucristo en Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe por ejemplo a un príncipe o a un grande que no se conoce. Me escriben como hermanos y hermanas, o como hijos o hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuoso.
   Aquí se puede tocar con la mano que es la Iglesia -no una organización, no una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Sentir a la Iglesia de esta manera y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es un motivo de alegría, en un tiempo en el cual tantos hablan de su ocaso.
   En estos últimos meses he sentido que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia, en la oración, que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa, no para mi bien, sino para el bien de la Iglesia. He realizado este paso con plena conciencia de su gran gravedad y también novedad, pero también con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el coraje de hacer elecciones difíciles, sufridas y ponendo siempre delante el bien de la Iglesia y no a nosotros mismos.
    Permítanme volver aquí una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión fue precisamente por el hecho de que a partir de ese momento en adelante, yo estaba empeñado siempre y para siempre por el Señor. Siempre --quien asume el ministerio petrino ya no tiene ninguna privacidad. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia. A su vida le viene, por así decir, totalmente quitada la esfera privada.
   He podido experimentar, y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida propiamente cuando la da. Dije antes que una gran cantidad de gente que ama el Señor, aman también al Sucesor de san Pedro y tienen un alto aprecio por él; y que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas de todo el mundo, y que se siente seguro en el abrazo de su comunión; porque él no se pertenece más a sí mismo, pertenece a todos y todos le pertenecen.
   El "siempre" es también un "para siempre" --no es más un retorno a lo privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio, no revoca esto. No regreso a la vida privada, a una vida de viajes, reuniones, recepciones, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que permanezco de un modo nuevo ante el Señor Crucificado. No llevo más la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino en el servicio de la oración; permanezco, por así decirlo, en el recinto de san Pedro. San Benito, cuyo nombre porto como papa, me será de gran ejemplo en esto. Él nos ha mostrado el camino para una vida que, activa o pasiva, pertenece por entero a la obra de Dios.
   También doy las gracias a todos y cada uno por su respeto y la comprensión con la que han acogido esta importante decisión. Voy a seguir acompañando el camino de la Iglesia mediante la oración y la reflexión, con la dedicación al Señor y a su Esposa, que traté de vivir hasta ahora todos los días y que quiero vivir para siempre. Les pido que me recuerden delante de Dios, y sobre todo de orar por los cardenales, que son llamados a una tarea tan importante, y por el nuevo sucesor del apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y el poder de su Espíritu.
   Invoco la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad eclesial; a Ella nos acogemos, con profunda confianza.
   ¡Queridos amigos y amigas! Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, y especialmente en los tiempos difíciles. Nunca perdamos esta visión de fe, que es la única visión verdadera del camino de la Iglesia y del mundo. En nuestro corazón, en el corazón de cada uno de ustedes, que exista siempre la certeza gozosa de que el Señor está cerca, que no nos abandona, que está cerca de nosotros y nos envuelve con su amor. ¡Gracias!
    Muchas gracias. Que Dios os bendiga.

miércoles, 27 de febrero de 2013

El Señor me llama a ‘subir al monte’


Ante los más de 200 mil fieles que colmaron la Plaza de San Pedro en el último rezo del Ángelus de su pontificado, el Papa Benedicto XVI aseguró que “el Señor me llama a ‘subir al monte’, a dedicarme aún más a la oración y a la meditación”.

Sin embargo, el Santo padre subrayó que esto “no significa abandonar a la Iglesia, es más, si Dios me pide esto es precisamente para que yo pueda seguir sirviéndola con la misma entrega y el mismo amor con que lo he hecho hasta ahora, pero de modo más apto a mi edad y a mis fuerzas”.

Al reflexionar sobre el pasaje evangélico de la Transfiguración del Señor, en el que el Señor “se transfiguró mientras oraba”, el Santo Padre expresó que “esta Palabra de Dios la siento de modo particular dirigida a mí, en este momento de mi vida”.
El Papa citó a San Agustín para explicar que Pedro, “en el monte tenía a Cristo como alimento del alma. ¿Por qué habría tenido que descender para regresar a las fatigas y a los dolores, mientras allá arriba estaba lleno de sentimientos de santo amor hacia Dios que le inspiraban, por tanto, una santa conducta?”.

Benedicto XVI destacó que de este pasaje del Evangelio podemos aprender “la primacía de la oración, sin la cual todo el empeño del apostolado y de la caridad se reduce a activismo”.
“En la Cuaresma aprendemos a dar el justo tiempo a la oración, personal y comunitaria, que da trascendencia a nuestra vida espiritual”.

El Papa remarcó que “la oración no es aislarse del mundo y de sus contradicciones, como en el Tabor habría querido hacer Pedro, sino que la oración reconduce al camino, a la acción”.

El Santo Padre también recordó que, tal como escribió en el Mensaje para esta Cuaresma, “la existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios”.

Al concluir, el Papa invocó “la intercesión de la Virgen María, que ella nos ayude a todos a seguir siempre al Señor Jesús, en la oración y en la caridad activa”.

(ACI/EWTN Noticias)

martes, 26 de febrero de 2013

Hablar con Dios


Cada día resulta más fácil comunicarse con los hombres; pero, ¿y con Dios?.

Aquí tienes ocho reglas para llamarle y contar con Él, cuando desees:

1. Marca el prefijo correcto. No a lo loco.

2. Una conversación telefónica con Dios no es un monólogo. No hables sin parar, escucha al que habla al otro lado.

3. Si la conversación se interrumpe, comprueba si has sido tú el causante del corte.

4. No adoptes la costumbre de llamar sólo en casos de urgencia. Eso no es trato de amigos.

5. No seas tacaño. No llames sólo a las horas de "tarifa reducida", es decir, cuando toca o en fines de semana. Una llamada breve en cualquier momento del día sería ideal.

6. Las llamadas son gratuitas y no pagan impuestos.

7. No olvides decirle a Dios que te deje en el contestador todos los mensajes que quiera y cuando quiera.

8. Toma nota de las indicaciones que Él te diga para que no las eches en olvido.






Si a pesar del cumplimiento de estas reglas la comunicación se torna difícil, dirígete con toda confianza a las oficinas del Espíritu Santo. Él restablecerá la comunicación.
Si tu teléfono no funciona, llévalo al taller de reparación que lleva por nombre "Sacramento del Perdón". Allí todas las reparaciones son gratuitas y tienen una garantía de por vida.
 
CATOLICOS EN TÍ

domingo, 24 de febrero de 2013

Una experiencia espiritual


Fin de semana intenso, de retiros espirituales.
Ayer unas 25 señoras vinieron para vivir la Cuaresma de manera tonificante. Se marcharon con una fórmula especial Cuaresma, al alcance de todas y de lo más especial para renovar la vitalidad de todo nuestro sistema,la Vitamina PP:
- Plegaria
- Penitencia
Durante el rezo del Via Crucis por el claustro
 Hoy unos 20 hombres también se están dejando renovar por el Señor, en el amor por la Iglesia en este momento histórico que vivimos de la renuncia de nuestro Santo Padre.
Que estos retiros den mucho fruto en la vida de cada uno y en las comunidades familiares y parroquiales.
P. Cura que ha animado estos retiros


sábado, 23 de febrero de 2013

MARIA Y LA FE

  Hoy unas treinta mujeres se reunirán en nuestra casa para con María profundizar la grandeza de nuestra fe en este tiempo de Cuaresma.
  Os las encomendamos

sólo es amar mi ejercicio


María, Madre mía, Tú ya sabes lo que me pasa. 
No quiero emplearme más que en una cosa, en amar a Dios…, sólo en eso; aunque el mundo me llama, aunque humanamente los hombres crean que soy inútil, que pierdo el tiempo. 
Señora, díselo a tu Hijo, ponme a sus pies y dile que no sé hacer otra cosa, y que ya sólo es amar mi ejercicio.
Beato Hno Rafael

jueves, 21 de febrero de 2013

El Papa de lo esencial


Entre los comentarios surgidos al calor de la noticia de la renuncia del papa Benedicto XVI a su cargo, me ha llamado especialmente la atención uno que lo calificaba como El Papa de lo esencial.
  Me gusta esta formulación. Algunas de sus frases que más me impresionaron al leerlas, y me siguen impresionando, son éstas:  
«En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. […] El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación… Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: Ésta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo.» (Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la remisión de la excomunión a los cuatro obispos consagrados por el arzobispo Lefebvre, 10 de marzo de 2009).
  Esta ‘prioridad suprema y fundamental’ ha estado continuamente presente en su magisterio doctrinal y pastoral, tan abundante, y en toda su actividad como papa; pero, de modo muy especial en sus tres encíclicas, Deus caritas est (Dios es amor, 2005), Spe salvi (Salvados en esperanza, 2007) y Caritas in veritate(La caridad en la verdad, 2009). 
La primera trata sobre el amor cristiano, a Dios y a todos los hombres; la segunda, sobre la esperanza cristiana en nuestra vida en el mundo, con proyección más allá de ella; y la tercera, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad.
No obstante la particularidad de los temas tratados en cada una de ellas, es posible descubrir en su fondo una línea de pensamiento sumamente coherente y convergente. 
  Estos son sus elementos: 
-la presentación diáfana del proyecto de Dios sobre el hombre y la humanidad entera
- la insatisfacción del anhelo de éste mientras no llegue a la realización de ese proyecto; 
- y las consecuencias bienhechoras que de ella derivan para cada persona y para toda la humanidad. 
  Un Dios amante y amigo del hombre, no su rival ni su guardián, que sale a su encuentro y le ofrece su amor incondicionado y en él la plenitud de su desarrollo y felicidad. El Dios que hermana a todos los hombres en Jesús, su Hijo, y hace de la humanidad una gran familia. En el que se puede confiar absolutamente, porque ofrece y fundamenta la esperanza ‘grande’, que cruza toda nuestra existencia, presente y futura, más allá de las esperanzas ‘pequeñas’ y cortas, que presenta la vida, pero que pronto se marchitan y caen con el paso de los días. 
  Un Dios que no está ausente de la lucha cotidiana de nuestra existencia, sino entrañado en la urdimbre de nuestras relaciones interhumanas, llamándonos siempre a humanizarlas más y más hasta convertirlas en relaciones entre hermanos. El motor del desarrollo integral humano, como Dios lo quiere, en la caridad y la verdad, no es, según Benedicto XVI, la competitividad, sino «el principio de gratuidad como expresión de la fraternidad».
  Es así como él ha intentado «hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres al acceso a Dios.» En la presentación de esta visión, tan elaborada, impresiona desde luego el conjunto de ideas que se exponen y su articulación, pero no menos el tono de radical convicción y veracidad –y consiguiente credibilidad– con que se formulan, y el nivel profundo de comunicación en que se sitúan. 
  El papa ‘maestro’ ha hablado a lo más hondo del corazón del hombre actual más directamente que a su mente, dialogando con sus anhelos e inquietudes y su sueño de felicidad completa. 
Ojalá haya logrado y siga logrando su admirable intento, y nosotros podamos contribuir a ello.
                                                               P. Urbano Valero, sj

miércoles, 20 de febrero de 2013

CUESTION DE VIDA O MUERTE.

Hay personas en el mundo que si alguien concreto no les habla de Dios nadie lo hará nunca. Y puede ser cuestión de vida o muerte. De ahí la importancia de ser testigos y evangelizadores. En otras palabras, dar gratis lo que han recibido gratis. Es lo que le ocurrió a Carmen, miembro del Camino Neocatecumenal de Ocaña, un día en la estación de autobuses de Méndez Álvaro de Madrid.
Carmen y José Mari, su marido, son un matrimonio que llevan muchos años ayudando en la pastoral penitenciaria de la cárcel de Ocaña II. Allí han podido ser testigos de cómo Cristo realmente actúa y transforma los corazones. Algo que había marcado a Carmen para actuar en la historia que viene a continuación.

Esta mujer estaba esperando el autobús que le llevara una tarde de vuelta de Madrid.  Sin embargo, le quedaba más una hora de espera. En ese momento, un joven toxicómano se le acercó y le pidió dinero para un supuesto viaje que tenía que hacer. Ella le dio algo y cuando se alejaba el sufrimiento que él llevaba dentro. Vio a Cristo sufriente en su interior.
Al ver a Cristo en este joven esclavo de la droga supo que al menos alguien tenía que hablarle de Dios. Fue así como se acercó a él y le preguntó: “¿qué te pasa?” y pidió al muchacho que le contara su historia.
Cosas de la providencia, Carmen llevaba en su bolso la carta de un preso de la cárcel a la que ella acude como voluntaria.  Era la historia de cómo este recluso había podido dejar las drogas gracias a Dios. “Le dije, te la voy a leer, me puse a ello, y al escucharla el muchacho empezó a llorar”, recuerda. Este joven toxicómano le preguntaba: “Realmente, ¿usted cree que Dios existe? Yo lo dudo, porque no entiendo por qué me hace sufrir tanto”, pues no sólo estaba aquejado por la adicción sino por muchos problemas físicos.

El joven, extrañado ante la actitud de esta mujer y el contenido de la carta, le volvió a preguntar: “¿Y Dios puede hacer esto que dice la carta?” Un testimonio que no sólo relataba su conversión y cómo había salido del pozo sino que además animaba a sus compañeros a aprovechar esta gracia.
Ante estas preguntas del joven, Carmen no sólo utilizó la carta sino que le contó su propia experiencia de fe. “Estuve mucho tiempo hablando con él  y no sólo le hablé de las maravillas que había hecho en mi vida  sino que le conté las experiencias de los hermanos de mi comunidad”, auténticos milagros.  “Yo le decía que era Dios el que había sacado de la droga a otros hermanos y que somos hijos de Dios y que nos ayuda”, afirma.
Después llegó el turno del joven. Confesó que le había mentido y que el dinero que le había pedido no era para hacer ningún viaje. Llorando le dijo que “ese rato de conversación no había sido en balde” y avasallado por su vida quería el dinero para conseguir droga suficiente para suicidarse puesto que previamente se había escapado de un centro de rehabilitación.
Sin embargo, Carmen continuó hablando con él y relatando experiencias similares a la del joven y en las que habían podido salir de la droga. “Le hablé también de la muerte y de la paz que se tiene cuando se muere de manera cristiana, cómo se afronta la muerte teniendo a Cristo y cómo cuando no se tiene”.
Por ello, sobre su intención de suicidarse le dijo: “te quieres suicidar porque no puedes más y crees que la solución está en quitarte la vida” pero no, realmente, hay esperanza y con Cristo todo es posible. Él transformó la muerte en vida, por lo que le recomendó que acudiera a la Iglesia, que es su madre.

Admirado y muy  emocionado, el joven drogadicto aseguraba que “nadie me ha hablado como usted lo está haciendo”. Tras un largo rato de charla en la estación de autobuses, el joven afirmó que la carta y la experiencia de Carmen le habían quitado la idea de suicidarse. “Ahora veo que debo ir a la casa de mis padres, pedirles perdón y que me ayuden a dejar la droga”, aseguraba. Y añadió que también “debo hacer lo que me ha dicho y pedir ayuda  a la Iglesia”.  Les dio tiempo para despedirse y el joven se mostró agradecido a Carmen. De una manera cuanto menos curiosa, Dios había llegado a los oídos de este joven esclavo de la droga.
José Mari y Carmen siguen yendo todas las semanas a la cárcel de Ocaña porque “la gente está muy necesitada de Dios”. Allí han visto auténticos milagros y “tenemos un agradecimiento a Dios enorme por esta misión”. De hecho, Carmen confiesa que “yo jamás había pensado en ir a una cárcel pues soy muy miedosa” pero en la capilla de la prisión “ellos se sienten libres, no salen igual que cuando entraron. Decía un interno el otro día que se llevaba la gasolina para la semana”.

Esta experiencia en la pastoral penitenciaria les ayuda en su vida de fe como matrimonio. José Mari asegura que “para nosotros ir es estar con los pobres y los débiles. Es estar con Cristo, con la presencia viva de Cristo. Les vemos como sufren y como encuentran un consuelo grande. Esto es también un testimonio para nosotros”.
Igualmente, Carmen afirma que “hemos visto grandes testimonios, presos que habían tenido reyertas entre ellos y que se han perdonado porque a raíz de estar en la Iglesia sabían que tenían que perdonarse para estar con Cristo”.

Aunque a veces también su papel es más contemplativo. “En ocasiones sólo con escuchar les ayudas porque hoy en día no se escucha. Vivimos en un mundo con prisas y así al menos pueden sentirse escuchados”. Cumpliendo lo que dice el Evangelio este matrimonio asegura “sentir la presencia de Dios como nunca en la cárcel” y habiendo recibido a Dios han podido darlo a los demás en una estación de autobús para dar gratis lo que han recibido gratis.

lunes, 18 de febrero de 2013

¿COMO FUE LA LUZ EN LA NOCHE?

¡Qué movida! ¡Qué pasada! ¡lo que puede llegar a mover el Espíritu Santo!
Voy a intentar compartir lo que vivi el sábado por la noche junto a algunos laicos cpcr, con la Delegación de Jóvenes de Barcelona en la iniciativa de los "Centinelas de la mañana".
Cuando llegamos, encontramos allí a Pablo de Vicente nuestro querido amigo venido desde Madrid expresamente para esta experiencia. Como es normal en él, enseguida estaba de servicio. 
Aquella entrada de los locales diocesanos estaba ya abarrotada de jóvenes que conocíamos y desconocíamos a la vez pero con los que enseguida connectamos gracias al filing del Espíritu del Señor.
 
Un tiempo de formación, primero evangélica. Mossen Bruno Berchez nos comentó muy gráfica y vivamente el pasaje de la llamada de Jesús a los discípulos: "los envió de dos en dos..." y les pidió no llevar nada para el camino. Allí estábamos porque Jesús nos había llamado a todos, y lo importante era EL.
Después Myriam, encargada de esta experiencia evangelizadora y Carmen del mismo equipo, nos dieron consignas concretas y nos describieros los 4 grupos que actuaríamos en íntima colaboración esa noche.
Se insistió mucho en el espíritu de obediencia: obediencia a las consignas, consejos, método... La obediencia que es mucho más eficaz que nuestras solas fuerzas o ideas. 
Después de tomar algo juntos nos fuimos por las Ramblas trepidantes de "vida" hacia la Parroquia Virgen de Belén donde empezamos a prepararlo todo.
Todo para que Jesús expuesto en la Custodia fuera el centro de vida, de luz y de amor. 
Todo para que el equipo de música tuviera todas las condiciones para "durar" durante 3 horas seguidas ambientando la noche.
Todo para que la gente se sintiera acogida con los cientos de detalles a preveer
Y tras una Hora Santa en la que recibimos el envío especial del Señor, su llamada y su bendición se anunció quien frmaría parte de cada equipo. Y cada equipo recibió su bendición particular.
1- Equipo de música: serían la voz de Jesús en la noche, con sus melodías y cantos orantes que llevaban ensayando 15 días. Y también con las frases de la Escritura que proclamarían en el silencio de la noche.
2- Equipo de calle: saldrían de dos en dos a invitar a los jóvenes que pasean por la calle durante la noche (que van a la discoteca, de fiesta con los amigos…) a que entren en la iglesia dónde tenemos el Santísimo expuesto. Dos palabras son claves en esta invitación, tienen que salir rápidamente: Jesús e iglesia. No hay otras posibles. Sin discusiones, sólo proponiendo y dando testimoniode la alegría de la fe. Con la ayuda de unos flyers muy bien concebidos, en varias lenguas.
3- Equipo de acogida: en la puerta acogerían a los que van llegando, con una sonrisa, con gran amabilidad. Invitandoles a escribir una oración en un papel y acompañándoles personalmente hacia Jesús Eucaristía con una vela encendida (símbolo de la fe). Frente a Jesús los presentarían a Jesús y les invitarían a hacer una oración tan cerquita de El, a rezar un Padre Nuestro y a leer una pequeña palabra de Dios que se podía escoger en unas cestitas. Saliendo les propondrían acercarse a uno de los sacerdotes allí presentes para hablar o confesar y les despedirían muy fraternalmente con flyers y tomando su dirección.
 4- Equipo de intercesión: ¿el más importante? Pues hay algo de esto creo yo. Cada pareja de los que salían tenía su intercesor@ atribuid@, y durante las tres horas de misión estaban allí frente a Jesús, como Moisés con los brazos extendidos, viendo desfilar decenas de gentes tan diversas que sus compañeros acercabn a Jesús. ¡Qué pasada! A mi personalmente me toco ser intercesora de dos jóvenes que salían por vez primera, (¡Qué responsabilidad) y que volvían exultantes, aunque no sabían los resultados de su siembra. A este equipo se sumaban otros venidos especialmente para ello, como nuestros laicos cpcr que alucinaban de la experiencia vivida, compartida.
 Había unos 9 confesores y por lo que pude escuchar no pararon de acoger gente
¿Os he contado todo? Pues aunque parezca que sí, no. Pues esto es algo para ser vivido.
Foto del grupo del 16 de febrero
Quiero terminar con el testimonio de August, joven de Terrassa que nos ha compartido una de sus experiencia de evangelizador en la calle.
"Una de las experiencias que más me ha impactado de las que he vivido durante una de las noches en que he participado en “Una Luz en la Noche” es la que voy a relatar a continuación.
En cada noche hay muchas tareas, en más de una ocasión he tenido la oportunidad de estar a pie de calle evangelizando y concretamente una noche tuvo lugar una situación que me impactó mucho:
Iba con mi pareja de evangelización (siempre se va por parejas) i se nos acercó un chico que resultó ser uno de los encargados de relaciones públicas de una discoteca de Barcelona que iba por la calle promocionándola.
El chico se nos acerco i nos dijo:
-    Chicos! Tenéis plan para esta noche? Con este folleto tenéis una oferta de 2x1 para tomaros una copa en esta discoteca.
Yo le acepté el folleto i haciendo caso del método que nos habían enseñado para evangelizar en la calle le dije:
-    Gracias! Ahora te propongo yo un plan a ti!
El chico nos miró con curiosidad. Yo procedí:
-    Jesús te espera en la Iglesia del Pi (lugar dónde teníamos el Santísimo expuesto). Te propongo un encuentro con Jesús; para que veas que de verdad Él te ama.
La reacción del chico fue de una sorpresa enorme. Pero al cabo de unos segundos cambio la cara, se puso serio i nos dijo:
-    Realmente lo que vosotros proponéis es mucho mejor que lo que yo propongo.
A partir de allí el chico nos pregunto como ir a la iglesia i después de darle las indicaciones se despidió de nosotros afectuosamente i dándonos las gracias se fue en dirección a la iglesia. 
Esta fue una de las veces que he podido ver más claramente que el Espíritu Santo actúa poderosamente a través de nuestras palabras cuando los cristianos evangelizamos i proclamamos el amor Dios a los hombres. Suscitando un efecto que por si solas unas simples palabras no pueden tener. 
Tocando en lo más hondo de la persona. Porqué en el fondo toda alma tiene sed de Dios.
 August Figueras Verdera