jueves, 31 de enero de 2013

SAN JUAN BOSCO


“Celebramos la fiesta de San Juan Bosco, sacerdote y educador. Vedlo, queridos jóvenes, como un auténtico maestro de vida. Vosotros, queridos enfermos, aprended de su experiencia espiritual para confiar siempre en Cristo crucificado. Y vosotros, queridos recién casados, acudid a su intercesión para vivir con empeño generoso vuestra misión de esposos”.
Benedicto XVI, 30 de enero 2013

miércoles, 30 de enero de 2013

En un clima de sospecha generalizado

   En plena tormenta Pujol, Bárcenas, Armstrong... el obispo de San Sebastián denuncia la corrupción en la vida pública como uno de los principales males morales de nuestros días y ofrece a la sociedad diagnóstico y terapia.
  La familia que ha gobernado Cataluña durante un cuarto de siglo, la tesorería del partido en el Gobierno, el ciclista con mejor palmarés en la historia en el Tour de Francia... En apenas unos días, un hervidero de noticias parece mostrar lo peor de la condición humana en todos los ámbitos de la vida pública, y esto no lo ha pasado por alto al obispo de San Sebastián en la homilía de la festividad del patrono de su diócesis y ciudad.  
 Monseñor José Ignacio Munilla afirmó que "en nuestra sociedad las tentaciones de cansancio, de pesimismo y de desconfianza son grandes".
  "De una forma especial", continuó, "las continuas noticias de corrupción en la vida pública se suceden en los medios de comunicación, hasta el punto de generar la sensación de que nadie escapa a la tentación de enriquecerse ilícitamente. Incluso sobre el mismo deporte, se cierne la sospecha del engaño y del fraude… ¿Terminaremos deduciendo que aquellos deportistas que hemos admirado y aplaudido, resulta que estaban dopados o artificialmente estimulados, como parece concluirse tras las noticias de estos días?".

  Monseñor Munilla lamenta que "el clima de sospecha generalizado": "Digámoslo claramente: la corrupción en la vida pública es uno de los principales males morales de nuestros días, y se hace necesario arbitrar medidas de estricto control que puedan devolver la confianza a los ciudadanos".
   Ese mal moral podría traer otro como consecuencia: "Una desconfianza generalizada, que nos lleve a aislarnos y ausentarnos de la vida pública y política", arrastrados "por el escepticismo, e incluso por el cinismo".
   "Más aún", advirtió el prelado: "De la pérdida de la fe en el hombre puede derivarse la propia pérdida de la fe en Dios. Sin embargo, si confiamos plenamente en Dios, entonces aprendemos a no desesperar de nadie. Lo cual no quiere decir, ciertamente, que no tengamos que ser conscientes de la debilidad del ser humano; pero sin dejar de creer en su capacidad de honradez y honestidad". 
  Hecho el diagnóstico, monseñor Munilla ofreció la terapia: "A la fe en Jesucristo es importante añadir la virtud de la humildad. En efecto, todos tenemos que realizar un profundo examen de conciencia: ´El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra´. No sería justo limitarnos a hablar de la corrupción en tercera persona del plural, como si los corruptos fuesen siempre los demás: ´ellos´, ´los políticos´, ´los ciclistas´… Sinceramente, ¿somos nosotros honestos en nuestra relación con el dinero, a nuestro nivel y en nuestras circunstancias?".
  Y evocando el ejemplo del mártir San Sebastián, quien perdió todo (el estatus social primero, la vida después) por fidelidad a Cristo, pidió al patrono "que nos ayude a educar y a escuchar nuestra conciencia, sin acallarla ni manipularla. La recta conciencia es la mejor almohada; mientras que la conciencia errónea y falsa es, a medio plazo -cuando no a corto plazo-, fuente de sufrimientos y de desequilibrios… ¡Dejémosle a Dios hablarnos a través de la voz de nuestra conciencia!".
  Un mensaje de esperanza coherente con las primeras palabras de su sermón cuando recordó que "no hay mayor pobreza que la carencia de sentido en la propia existencia. El vacío interior -que acompaña a la falta de sentido- es el mayor enemigo de la felicidad del ser humano… Pero gracias a Dios, tenemos razones para la alegría porque tenemos razones para la esperanza. Y tenemos razones para la esperanza, porque mantenemos nuestra fe en Dios Padre que no solo no nos defrauda, sino que cuida de nosotros -¡de cada uno de nosotros!- en su providencia amorosa... ¡No estamos huérfanos!".
De Religión en libertad

lunes, 28 de enero de 2013

En familia


Sí, ayer estuvimos muy en familia profundizando las verdades de nuestra fe con la ayuda con el P. Hernán Pereda, el P. Enrique Martín, Mosén Joaquim Fluriach y la Hna. Mª Lourdes

Testimoniando de ella, como bien lo hicieron Pablo de Vicente que vino desde Madrid para compartir con los más jóvenes, y  JP e Inés que nos contaron lo vivido en Roma junto a miles de jóvenes con la comunidad de Taizé.
Celebrándo grandes hitos en la vida de fe, como son los 25 años de matrimonio de Elisabet y Albert, o los 2 años de Bautismo de nuestros "rusitos" Dana, Constant, Catia y Nastia.
Haciendo memoria de los que tanto queremos y nos han dejado estos días como el P. Sospedra y el Hno. Juan
 Compartiendo en fraternidad

y en oración 

Y si queréis percibir brevemente un resumen de la jornada no os perdáis el clip que nuestro amigo Habib venido  con Pablo desde Madrid nos ha regalado . Ahí va, y ¡hasta el próximo en el que os esperamos!

Abrid las puertas a Cristo


sábado, 26 de enero de 2013

Santa María, modelo de evangelización

   La devoción a Santa María se ha convertido para muchos en camino privilegiado para vivir su fe cristiana. Desde pequeños, nos han enseñado que la Virgen es el camino más corto para llegar Jesús, su Hijo. Seguro que nuestra propia experiencia también nos lo ha demostrado.
  Esa intuición de la que todo el pueblo de Dios es partícipe, surge de la contemplación de María en la Escritura. 
  Ella es quien presenta a su Hijo a los pastores y en sus manos se encuentra cuando adoran a Jesús los reyes magos. 
  En muchas de nuestras Iglesias y ermitas, la Virgen sigue hoy presentándonos a su hijo, los sostiene entre sus brazos, en sus rodillas y nos lo ofrece para que los acojamos en nuestras vidas.
  Es como si María, también a nuestra generación, al mostrarnos a Jesús, se nos presentase como modelo de evangelizador
  Ella nos lo puede ofrecer por ser la mejor testigo. Es necesario entender lo importante que es el testimonio de vida, antes que de las palabras. Solo los testigos son creíbles, solo los que testifican con su vida, pueden tocar el corazón para llevarnos a Dios. La reflexión de Pablo VI  se mantiene plenamente actual: el hombre moderno escucha más a quien testifica con su vida que al que enseña con palabras, y si llegase a escuchar a los maestros, sería solo si son testigos
  Por ello la figura de la Virgen María ilumina la misión evangelizadora de la Iglesia. Ella es evangelizadora porque es evangelio vivido. Es el gran referente a seguir y la meta a alcanzar, por parte del evangelizador de hoy, al presentar a nuestros contemporáneos la Palabra de salvación.
  Tenemos por delante retos de un gran calado. La Iglesia está viviendo el Año de la Fe, y bajo el impulso del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización para la trasmisión de la fe. La conversión del corazón del creyente, de cada uno de nosotros, para renovar nuestra fe y acoger y trasmitir el evangelio, se presenta ante nosotros como un gran reto que debemos afrontar de la mano de María.
  A Santa María, Estrella de la Nueva Evangelización, nos encomendamos nosotros y toda nuestra tarea evangelizadora.

viernes, 25 de enero de 2013

Dios, ¿cómo te llamas? ¡Que no sea Jesús!


  La semana pasada el P. Cueto, (que hoy cumple sus 82 primaveras) me compartía con mucho entusiasmo el testimonio de Roy H. Schoeman, ingeniero informático de origen judío ortodoxo que ha contado su asombrosa conversión al catolicismo en diversas ocasiones. 
  Aún si es largo, me ha parecido interesante compartíroslo tal como él mismo lo cuenta en  la web "Primera Luz". 
  «Crecí como judío en un barrio de clase media en la ciudad de New York, hijo de refugiados judíos que habían huido de Alemania a los inicios del régimen de Hitler.
   Mis padres eran activos en la congregación judía «conservadora» local, y para el promedio americano, tuve una educación judía bastante religiosa. Asistí a estudios de religión después de la escuela, desde el primer grado hasta que llegué a la universidad. Tuve mi Bar Mitzvah, y con frecuencia, aunque no siempre, asistía a los servicios del Sabbath y a las fiestas religiosas judías.
   Crecí en contacto con rabinos extraordinarios, a quienes Dios me dio para mi formación religiosa, y hasta tuve que debatir si yo tenía vocación religiosa. 
  El verano al final de mis estudios secundarios, antes de comenzar la universidad, lo pasé viajando por todo Israel, con un rabino hasídico carismático y «místico», el rabino Shlomó Carlebach, quien todas las noches ofrecía un concierto, que era en realidad una estática sesión de alabanza hasídica. 
  Por un tiempo pensé quedarme en Israel para estudiar en alguna de las escuelas de religión ultra ortodoxas que allí existen y que constituyen lo más cercano del judaísmo a la «vida religiosa», pero regresé para iniciar mis estudios en M.I.T. [Massachusetts Institue of Technology] en matemáticas e informática. 
   En la universidad traté de preservar mi fervor religioso, y me mantuve activo en una congregación hasídica local, pero pronto caí en la moral y mentalidad más típica de M.I.T. Existe una estrecha relación entre la pureza de mente y de conducta, y la intimidad con Dios. Aunque al principio Él no sea estricto en sus reglas, más tarde o más temprano, no puede esperarse que se mantenga la intimidad, si no se juega según sus reglas. A medida que abandoné sus reglas, perdí la intimidad con Él. 
   Al final de la universidad, el placer de la oración no era más que una memoria abstracta, y me había imbuido en los caminos del mundo. Después de algunos años diseñando sistemas de computadoras (ordenadores), decidí asistir a la Escuela de Negocios de Harvard para estudiar una maestría en Administración de Empresas (MBA). Como resultado de un trabajo excepcional, se me invitó a formar parte de la facultad, a la vez que continuaba mis estudios hacia un doctorado, en preparación a una carrera en la enseñanza universitaria.
  Al perder contacto con Dios, también perdí el sentido de propósito y dirección en mi vida. Yo seleccionaba el sendero de menor resistencia, que, a los ojos del mundo, constituía el éxito. Estar en la facultad de la Escuela de Negocios de Harvard a los treinta años era casi un éxito. 
   Sin embargo, a medida que completaba cada meta, me enfrentaba a un sentimiento cada vez más profundo de vacío, de falta de sentido en los éxitos. Ya para ese entonces, después de unos cuatro años enseñando en Harvard, me sentía deprimido interiormente y con una gran falta de sentido en mi vida, rayando en la desesperación. 
  Yo no era el único que me sentía así. Un colega en la facultad me confió que, al día siguiente del día en que su cátedra se convirtió permanente, después de una década de esfuerzos, casi renunció, abrumado por el sentimiento de vacío y la falta de sentido en todo por lo tanto había luchado. 
  Hacía mucho tiempo que había abandonado la vida de oración y mi consuelo mayor durante este periodo consistía en largas caminatas solitarias entre la naturaleza. Fue en una de estas caminatas que recibí una de las gracias más singulares de mi vida.
 Era temprano en una mañana a principios de junio, junto al mar en Cape Cod, en las dunas entre Provincetown y Truro, solitario, junto a las aves que cantaban antes de que el resto del mundo despertara, cuando, por falta de mejores palabras, «caí en el cielo». 
  Me sentí, casi consciente y físicamente, en la presencia de Dios. Vi pasar mi vida frente a mí, viéndola como si estuviera repasándola en la presencia de Dios después de la muerte. Vi todo lo que me agradaría y todo lo que me pesaría. Me di cuenta, en un instante, que el significado y el propósito de mi vida era amar y servir a mi Señor y Dios. 
  Vi cómo Su amor me rodeaba y me sostenía en cada momento de mi existencia. Vi cómo todo lo que hacía tenía un contenido moral, para bien o para mal, y cómo todo contaba mucho más de lo que jamás pude imaginar. 
 Vi cómo todo lo que me había acontecido en mi vida había sido lo más perfecto que podía haberse preparado para mi bien, por un Dios que era todo bueno, todo amor, y especialmente aquellas cosas que me habían causado más sufrimiento cuando sucedieron. 
  Vi que los dos pesares mayores al momento de mi muerte serían, todo el tiempo y la energía desperdiciada preocupándome porque nadie me quería, cuando en cada momento de mi existencia me encontraba en medio del inimaginable, inmenso mar del amor de Dios; y cada una de las horas desperdiciadas, sin hacer nada de valor a los ojos de Dios. 
  La respuesta a cualquier pregunta que me surgía era respondida instantáneamente. Es más, no podía preguntarme nada sin que ya no supiera la respuesta, con una excepción de gran importancia: el nombre del Dios que se me revelaba como el significado y propósito de mi vida. No pensaba en él como el Dios del Viejo Testamento, a quien llevaba en mi imaginación desde mi infancia.
  Oré para que Dios me revelara su nombre, para saber qué religión debía seguir, para poder adorarlo debidamente. Recuerdo haber rezado diciendo: "Permíteme conocer tu nombre - no me importa si eres Buda, y tengo que hacerme budista; no me importa si eres Apolo, y tengo que convertirme en un pagano romano; no me importa si eres Krishna y tengo que convertirme en Hindú;¡mientras que no seas Cristo y tenga que volverme cristiano!"
  Esta profunda resistencia al cristianismo se basaba en un sentimiento de que el cristianismo era el «enemigo», la perversión del judaísmo que había sido la fuente de dos mil años de sufrimiento para los judíos. Dios, que se había revelado a mí en la playa, también había escuchado mi rechazo de conocerlo, y había respetado mi decisión. De modo que no recibí respuesta alguna a mi pregunta.
  Volví a mi casa en Cambridge y a mi vida ordinaria. Sin embargo, todo había cambiado. Pasaba todas mis horas libres en búsqueda de este Dios, en silencio en medio de la naturaleza, leyendo, y preguntando a otros sobre estas experiencias místicas. 
  Como me encontraba en Cambridge, en la década de 1980, era inevitable el seguir algunas de las sendas de la Nueva Era, y terminaba leyendo mayormente escritos espirituales hindúes y budistas. 
   Sin embargo, un día, caminando en la plaza de Harvard, me llamó la atención la cubierta de un libro en la vitrina de una tienda. Sin saber nada del libro, ni de su autor, compré «El Castillo Interior» de Santa Teresa de Ávila. Lo devoré, encontrando un gran alimento espiritual en su interior, pero todavía no creía en las alegaciones del cristianismo.
   Continué en esta trayectoria ecléctica, indiscriminatoria, por exactamente un año. El día exacto en que se cumplió un año de mi experiencia en la playa, recibí la segunda gracia extraordinaria de mi vida. 
  Admito con franqueza que, en todos los aspectos exteriores, lo que sucedió fue un sueño. No obstante, cuando me quedé dormido sabía muy poco de, ni tenía ninguna simpatía especial por, el cristianismo, ni ninguno de sus aspectos. Sin embargo, cuando desperté, me sentía completamente enamorado de la Santísima Virgen María, y no deseaba más nada que volverme tan totalmente cristiano como pudiera. 
  En el «sueño», fui conducido a una habitación y se me concedió una audiencia con la joven más bella que jamás podía haber imaginado. Sin mediar palabra, sabía que era la Santísima Virgen María. Ella estuvo de acuerdo en contestar cualquier pregunta que le hiciera, y recuerdo que me encontraba allí, barajando varias posibles preguntas en mi mente, y haciéndole cuatro o cinco de ellas. Me las contestó, y entonces me habló por varios minutos, y entonces terminó la audiencia. 
  Mi experiencia de lo sucedido, y mis recuerdos, son de algo sucedido completamente despierto. Recuerdo todos los detalles, incluyendo naturalmente, las preguntas y las respuestas, pero todo palidece en comparación al aspecto más importante de esta experiencia: el éxtasis de estar en su presencia, en la pureza e intensidad de su amor.
 Cuando desperté, como ya mencioné, me sentía completamente enamorado de la Santísima Virgen María y sabía que el Dios que se me había revelado en la playa era Cristo. Todavía no sabía casi nada del cristianismo, y no tenía ni idea de la diferencia entre protestantes y católicos. 
  Mi primera incursión en el cristianismo fue en una iglesia protestante, pero cuando toqué el tema de María con el pastor, su rechazo me hizo decir: ¡me voy de aquí! 
  Mientras tanto, mi amor por María me inspiraba a pasar el tiempo en santuarios marianos, especialmente los de Nuestra Señora de La Salette (en el de Ipswich, Massachusetts, y en el de la aparición original, en los Alpes franceses) . 
  Me encontré, sin anticiparlo, con frecuencia presente en misas, y aunque todavía no creía en la iglesia católica, sentía un intenso deseo de recibir la Comunión. 
  Cuando me acerqué por primera vez a un sacerdote y le pedí que me bautizara, todavía no tenía ninguna creencia católica. «¿Por qué quieres ser bautizado?» Molesto, contesté: «¡porque quiero recibir la Comunión y ustedes no me dejan, si no estoy bautizado!» Pensé que me agarraría de la oreja y me echaría de allí; pero por el contrario, me dijo: ¡Ajá, ése es el Espíritu Santo, que está trabajando en ti!»
  Todavía tuve que esperar varios años y madurar en mi fe antes del bautismo, pero mi amor a María y mi sed por la Eucaristía me guiaron, como una brújula, hacia mi meta. Le estoy infinitamente agradecido a Dios por mi conversión y le estoy infinitamente agradecido por las personas que ha puesto en mi camino». 
   Roy Schoeman tiene vídeos de su testimonio y sus enseñanzas como católico traducidas al español aquí:
www.salvationisfromthejews.com/spanishvideo.html  

martes, 22 de enero de 2013

Adios al Padre Antonio Sospedra

Comenzábamos el día con la noticia del fallecimiento del querido P. Antonio Sospedra.
Querido, amado y admirado por sus hermanos y hermanas CPCR.
Querido y amado por tantos ejercitantes y amigos. 
Querido y amado por tantos hombres y mujeres a los que hizo tanto bien con su jovialidad, sencillez evangélica, cercanía.
Fiel hijo del P. Vallet, amante de su Obra por la que se desvivió toda su vida se destacó por su entrega, su generosidad incondicionales, su amor apasionado por la verdad. Su trabajo por las causas de los mártires españoles de la persecución del 36.
Damos gracias a Dios por el testimonio que nos ha dejado y encomendamos con todos vosotros su alma al Señor y a la Virgen María de quien estaba locamente enamorado para que le acojan sin demora en el Paraíso. 

Agradecemos mucho a aquellos que por email o por Facebook nos han manifestado su cariño hacia el Padre y su cercanía, y que unen sus oraciones a las nuestras por su descanso eterno 
No me siento a la altura de hacer un panegírico de nuestro Padre. 
Sin embargo soy heredera de un tesoro del P. Sospedra en el que refleja lo que fue su vida sacerdotal de servicio y don total, entre luces y sombras... Son unos versos autobiográficos escritos en 1983
¿Me permitís que os las comparta? ¿Sí? ¿Tal como me los pasó? Espero que a ninguno de le atragante este hermoso catalán en verso en el que el Padre dejaba hablar el fondo de su alma. Disculpad si alguna letra sale equivocada pero el manuscrito es difícil de descifrar.
Camí d'un sembrador de la Paraula
Paraula que és llavor
Paraula que es ferment
Paraula que es la vida i es la LLum
Per a l'homme desorientat caminador...
Camí d'un sembrador que, entre dona als altres
Alló que sap prou bé que no es pas seu,
Ja que ell(prou bé que ho sap) que es una terra pobra...
I que no és res més sino foscor...
Oh dolç Senyor,
Sou Vos qui amb mi camina?
Sou Vos la festa eterna del meu cor?
Sou Vos qui m'omple tot, quan tot me falta?
Sou Vos?... Sou Vos?
Sou Vos el meu camí que mai s'acaba?
Sou Vos qui va collin quan sembro jo?
No ho sé, Senyor!
Jo tan sols sé que vaig fent via
Amb pau en el meu cor...
En mig de la foscor.
Jo tan sols sé que un jorn tot vaig deixar-ho
Sortint i caminant cap no sé a on
Endut tan sols per vostre amor...
Tot vaig deixar-ho?
... si fos ben bé, ben de debó...
Sols sé que vaig pel mon
I en porta un no sé qué que mai me falta.
Sols sé, que en sembla,
que us trobo en tot, per tot,
Que el vostre Amor tot m'ho omplena...
Tot sol. Amb Vos
.......
Crucifijo regalado por su padre el día de su ordenación sacerdotal
Vaig fent camí. El meu camí de nit i dia
Assegurant me de cada pas que dono
Sans coneixer mai la fi,
Del meu camí,
Segur, però, de que aquell que en Vos confia
Mai no quedara confós i abandonat... Eternament!
........
I amb Ell sempre ha estat dolça
aquesta soletat que m'acompanya, desde ja fa tants d'anys!

DE MÚSICO DE CABARET A SACERDOTE SUPEREFICIENTE


   En mis últimas vacaciones leí su vida, contada a un periodista francés. Apasionante libro, sobretodo cuando te queda poquito y te preguntas aún pero ¿cómo este hombre ha terminado párroco en Marsella?
  Se trata de un clérigo francés cuya ejemplar actividad apostólica ha saltado ya a los medios de comunicación. La vida del padre Michel Marie Zanotti-Sorkine ha estado siempre en movimiento. Nació en 1959 y tiene orígenes rusos, italianos y corsos. A los 13 años perdió a su madre, lo que le causó una “ruptura devastadora” que le hizo unirse aún más a la Virgen María. 
  Al tener un gran talento musical, apagó la pérdida de su madre con la música. En 1977, tras ser invitado a tocar en el café “París”, de Montecarlo, se trasladó a la capital de Francia donde comenzó su carrera de compositor y cantante en cabarets que duró diez años. 
  Sin embargo, la llamada de Dios, recibida durante su infancia,  era más fuerte y en 1988 dejó los centros de diversión  y entró, primero con los dominicos,  por su devoción a Santo Domingo, con los que estuvo cuatro años. Ante la fascinación por San Maximiliano Kolbe se fue a la orden franciscana, donde también permaneció cuatro años. De allí salió al seminario de Marsella donde fue ordenado como presbítero. Además, de su música, dedicada ahora a Dios, también es escritor de éxito: ha publicado ya seis libros  y alguna colección de poesías.
  Como sacerdote, ha revolucionado la iglesia francesa: asumió la dirección de una parroquia que iba a ser cerrada y demolida, situada en un barrio con una enorme presencia musulmana, en Marsella,  ciudad donde menos del 1% de la población es católica practicante.   En 2004, la parroquia de San Vicente de Paúl,  en el centro de la ciudad,  permanecía cerrada durante toda la semana y, el domingo,  la única misa se celebraba en la cripta a la que apenas acudían 50 personas.
  Nada más llegar y con la ayuda de un grupo de laicos renovó la parroquia, la limpió y la dejó resplandeciente. Para él éste es un motivo por el que  la gente opta por volver a la iglesia. “¿Cómo quiere que se crea que Cristo vive en un lugar si todo no está impecable?, es imposible”.
 Este sacerdote asocia a los laicos cuidando mucho de que estos cumplan sus compromisos familiares y sociales.
  Lo que hizo después fue abrir el templo todos los días y celebrar en el altar mayor. La clave para este sacerdote es la “presencia”: hacer presente a Dios en el mundo de hoy. Las puertas de su iglesia están todo el día de par en par y viste de sotana porque “todos, cristianos o no, tienen derecho a ver un sacerdote fuera de la iglesia”. 
  Para el padre Michel, el sacerdote lo es 24 horas al día. «El servicio debe ser permanente. ¿Qué pensaría usted de un marido que en su camino a su oficina por la mañana se quitara su alianza?». En este aspecto es muy insistente: «en cuanto a aquellos que dicen que el hábito crea una distancia es que no conocen el corazón de los pobres para los cuales lo que se ve dice más de lo que se dice».
  Una de las iniciativas principales del padre Zanotti-Sorkine, que aplicó para revitalizar la fe de la parroquia y conseguir  afluencia de gente de toda edad y condición social, ha sido la confesión. Antes de la apertura del templo a las 8 de la mañana ya hay gente esperando en la puerta para poder acudir a este sacramento o para pedir consejo a este sacerdote francés. Tal y como cuentan sus feligreses, el padre Michel Marie está buena parte del día en el confesionario, muchas veces hasta pasadas las once de la noche. Y si no está ahí, siempre se le encuentra vagando por sus pasillos o en la sacristía sabiendo, que es necesario  que los sacerdotes estén siempre visibles y cercanos para salir en auxilio de todo aquel que lo necesite.
  La liturgia ha tomado el punto central de su ministerio y mucha gente ha sido atraída a esta iglesia por la cuidada celebración de la Eucaristía, ya que para él: “Ésta es la belleza que conduce a Dios”. Las misas están siempre repletas y en ellas hay procesiones solemnes, incienso, cánticos cuidados… Todo hecho al detalle. “Le doy un trato especial a la celebración de la Misa para mostrar el significado del sacrificio eucarístico y la realidad de la Presencia”.
  Por otra parte asegura que “La vida espiritual no se concibe sin la adoración del Santísimo Sacramento y sin un ardiente amor a María” por lo que introdujo la adoración y el rezo diario del Rosario dirigido por estudiantes y jóvenes.
  Ahora la iglesia permanece abierta casi todo el día y hacen falta sillas adicionales para albergar a los fieles. Más de 700 todos los domingos, número que aumenta en las grandes fiestas. Casi 200 adultos se han bautizado desde que llegó, en 2004; 34 en esta última Pascua. Se ha convertido un fenómeno de masas no sólo en Marsella sino en toda Francia, con reportajes de los medios de todo el país, atraídos por la cantidad de conversiones.
  Un grupo de jóvenes que tuve ocasión de encontrar en el seminario de Toulon el año pasado, se han puesto bajo su guía para ser sacerdotes siguiendo su modelo de sacerdocio, y nos compartieron su regla de vida evangélica. Algunos de ellos son jóvenes ejercitantes de nuestras casas en Francia.
  Sus sermones son también de lo más esperado e incluso sus feligreses los cuelgan en Internet. En ellos llama siempre a la conversión, por la salvación del hombre. En su opinión, la falta de este mensaje en la Iglesia de hoy “es quizás una de las principales causas de la indiferencia religiosa que vivimos en el mundo contemporáneo”. Ante todo, claridad en el mensaje evangélico. Por eso advierte de la frase tan manida de que “todos vamos a ir al cielo”, es para él “una canción que puede engañarnos” debido a que hay que luchar, empezando por el sacerdote, para llegar al Paraíso.


lunes, 21 de enero de 2013

DIVERSIDAD EN LA UNIDAD


    Una de las cuestiones que los católicos hemos de defender con mayor ahínco es la unidad de la Iglesia. Sin embargo, esa unidad no es óbice para descubrir las maneras tan distintas y diversas en que se manifiesta esa unidad. 
    Existe una diversidad de vocaciones, de modos diferentes de vivir la vocación cristiana, que no dejan de ser una expresión de la rica belleza y hermosura de la Iglesia. Son signo de que el seguimiento de Cristo no pasa por ningún “canuto”. Es la infinitud de la gracia de Dios, iluminando a todos los bautizados, para que cada uno descubra su peculiar y específica manera de vivir la entrega y el seguimiento a Cristo.


    Los carismas se manifiestan y encarnan en una personalidad concreta (una persona, un grupo….) que, por inspiración de la gracia, inician un modo nuevo de vivir el misterio de Cristo y de su Esposa, la Iglesia, en el día a día de la vida. Es la manera de expresar al mismo Jesús, en cada época o circunstancia de este mundo, para llevar a cabo su mandato: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”.


    ¿Cuál es la tentación? La condición humana, siempre tan limitada, puede en ocasiones olvidarse de esta misión universal de la Iglesia (donde caben todos los que buscan la fidelidad a la gracia) y encerrarse en el “grupito” o el “capillismo”….pensando que sólo “ellos” son los portavoces auténticos de Dios. 
    La magnanimidad es la capacidad de tener el alma grande, para dar gracias a Dios por todos los carismas que embellecen la Iglesia. Esos dones, que son bendecidos por la Iglesia, nos hablan de la infinitud del amor de Dios para llegar a las almas del mundo entero.

domingo, 20 de enero de 2013

Alianza de Amor


Los que conocéis nuestras casas habéis podido constatar que en vidrieras o en Sagrarios tenemos una imagen peculiar, que hoy preside este escrito. En Caldas mismo lo encontráis en la vidriera frente a la puerta de entrada de la Capilla. Es el símbolo de la Alianza de Amor.
El deseo del P. Vallet era crear una Unión que no fuera una Obra mas, sino un simple pacto, una alianza entre individuos y entre colectividades cualquiera, afín de trabajar siempre y en todo lugar por la unión de todos los católicos, así como a la unión de los hermanos separados o no creyentes.
Esta Alianza de Amor tiene un lema: “Un solo Corazón”
Un escudo: Se trata de un triangulo signo de la Trinidad Una y fuente de toda unidad. En medio del triangulo se encuentra una gran Hostia en la que resplandece un Sagrado Corazón. Esto para manifestar bien donde encontrar el vinculo de esta unidad.
En torno a esta imagen hay a veces escrita la formula latina o en lengua vernácula de las palabras de Jesús “Ut unum sint” “Que sean uno”
Esta Alianza de Amor comprende una serie de compromisos muy sencillos y accesibles:
- Orar cada día por la unión con la oración misma de Jesús Jn 17, 20-22
- Ejercer intensamente la misericordia entre todos
- Tener particulares delicadezas con aquellos con los que tenemos mayor dificultad en el trato
- Mostrar una sincera indulgencia y hacer actos especiales de amor fraterno respecto a aquellos que parecen enemigos nuestros
- Propagar esta doctrina de la Alianza de Amor
Esta formula no fue finalmente institucionalizada por el P. Vallet y los CPCR, pero informa profundamente nuestra oración, nuestras opciones de vida religiosa y nuestros ministerios. 
A través de estos en nuestras Casas de Ejercicios, en la Parroquia, en las Universidades, con las familia,  queremos hacer realidad esas ansias que ardían en el Corazón de Cristo y que no pudo contener en aquella Ultima Cena con los suyos:“Que todos sean uno”

viernes, 18 de enero de 2013

Que todos sean uno



En el hemisferio norte la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra cada año a partir del 18 hasta el 25 de enero. 
Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo, que tienen un significado simbólico. 
En el hemisferio sur donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, las Iglesias frecuentemente adoptan otra fecha para celebrar la semana de oración, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926), que representa también otra fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.  

En la familia CPCR esta iniciativa eclesial hace eco profundo a ese ideal  que fue una fuerza motora en la labor labor evangelizadora del P. Vallet, impactado fuertemente por los deseos de unión de Cristo, expresados en la Última Cena: "Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea".
Vamos a compartir desde el blog estos días oraciones, reflexiones que el Consejo mundial de las iglesias propone a los cristianos para este año 2013. 

Jesucristo, confesamos con alegría 
nuestra identidad común en Ti 
y te damos gracias por invitarnos 
a un diálogo de amor contigo. 
Abre nuestros corazones para que podamos 
compartir más plenamente 
tu oración al Padre de que seamos uno, 
para que, mientras viajamos juntos, 
podamos unirnos cada vez más unos a otros. 
Danos la valentía para que podamos 
dar  testimonio juntos de la verdad 
y que nuestras conversaciones puedan abrazar 
a los que perpetúan la desunión. 
Manda tu Espíritu que nos dé fuerza 
para combatir las situaciones en las que falta dignidad 
compasión en nuestras sociedades, 
nuestras naciones y en el mundo. 
Dios de vida, condúcenos a la justicia y la paz. Amén