miércoles, 29 de febrero de 2012

Caminar juntos en la santidad.


   “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.
   Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. 


   El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.
   Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta  Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31)
Luis Matin y su esposa Celia, padres de Sta. Teresa del N. Jesus
   Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).
   Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10).
   Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica
Benedicto XVI

martes, 28 de febrero de 2012

LA RECIPROCIDAD

   Mientras seguimos acompañando al Santo Padre, a los miembros de la Curia Romana en sus Ejercicios anuales, así cómo a los 10 sacerdotes que estos días hacen una experiencia semejante en nuestra casa, proseguimos con el hermoso Mensaje para la Cuaresma que iniciamos la semana pasada.

"Los unos en los otros": el don de la reciprocidad.

   Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. 
   Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. 
   El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana. 

    Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación
   Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican.  

   «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna "una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno", radica en esta pertenencia común.  

   Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
Benedicto XVI

lunes, 27 de febrero de 2012

RETIROS ESPIRITUALES


   El día siguiente de la clausura de una tanda de Señoras, tuvimos un retiro para mujeres. Venimos 29 para recogernos al principio de la Cuaresma, tiempo privilegiado de encuentro con el Señor.
   Por la mañana, el P. Pereda nos dio una meditación sobre el sentido de la cuaresma. Sus conocimientos del Antiguo y Nuevo Testamento nos ayudaron mucho a ver que toda la Iglesia está en peregrinación a través del desierto de este mundo hacia la tierra prometida y este tiempo de cuaresma nos lo recuerda. Pudimos reflexionar sobre ello delante del Santísimo expuesto en la capilla.


   Por la tarde, Mossén Joaquim Fluriach siguió el curso del 'diálogo de la fe' empezado en enero. Muchas de nosotras le habíamos pedido una formación que nos ayude a crecer en la fe, como lo pide el Santo Padre para el muy cercano “año de la fe”. Esta vez, desarrolló el mensaje del Santo Padre para la cuaresma. Recalcó cómo el Santo Padre nos invita a una gran caridad hacia nuestros prójimos, por ayudas materiales, pero también espirituales: ayudándonos mutuamente a crecer en el bien. Luego subrayó que los bienes de este mundo no son nuestros y que los tenemos que administrar pensando en los demás. Según las Palabras de San Vicente de Paul: cuando damos pan a los pobres, les damos lo que es suyo.


   La jornada terminó con la Santa Misa que celebró el Padre Pereda. Y, al terminar, las Hermanas nos propusieron intercambiar sobre lo que habíamos recibido a lo largo del día. Lo que nos hizo ver que estos días de retiro son muy provechosos para todas.
Una participante de Caldes


  El domingo, nos toco a  los hombres que reflexionar sobre este tiempo de cuaresma con el P. Pereda. Nos reunimos 18 hombres de Caldes, Sabadell, Barcelona, y otros pueblos cercanos. El tema de la vida eterna que estudiamos en el Catecismo de la Iglesia Católica, estaba muy relacionado con el tema de la Cuaresma: travesía del desierto hacia la tierra prometida. La vida eterna es esta Tierra prometida o Cielo prometido definitivos. El estudio de Verbum Domini vino también muy a propósito ya que “no sólo de pan se nutre el hombre sino de toda palabra salida de la boca de Dios”.


   Al final de la mañana, compartimos la Santa Misa con los miembros de las familias de algunos, esposas y niños.

   Verdaderamente, este tiempo de Cuaresma es un tiempo de gracia y estos retiros nos ayudan a aprovecharlo. 
  
   Y en estos dias en los que el Santo Padre esta de Ejercicios Espirituales, un grupo de sacerdotes de nuestra diocesis de Terrassa también se recogen en nuestra casa para dejarse ganar aun mas por Cristo Jesus. Por todos ellos seguimos rezando y os asociamos a nuestra oracion.

domingo, 26 de febrero de 2012

El Papa va a comenzar sus Ejercicios espirituales


Mientras el Papa se prepara para comenzar sus Ejercicios Espirituales, os compartimos unas reflexiones que nos sugiere el evangelio de este domingo.




   El gran pensador Pascal ¿podría hoy en día escribir : "toda la infelicidad de los hombres viene de una sola cosa, y esta es no saber permanecer quietos en una habitación?"
   Nuestras casas, ¿pueden ofrecernos ese desierto al cual se nos invita durante la Cuaresma? Aunque el desierto no sea del todo un descanso: Jesús no nos pide tanto de irnos a él, como de arreglárnoslo.(Cf. Mt 6,6)
  En el sentido espitual el desierto no existe, hay que crearlo. San Marcos en el evangelio de hoy nos indica los medios. se trata de saber vivir, con Jesús, en medio de las alimañas dejándose servir por los ángeles. (Mc 1, 13) Una vez que he cerrado la puerta de la habitación, constato que no he dejado el mundo. Pero en un espacio y tiempo determinados puedo decidir de mantenerme en medio de las fuerzas que quieren esclavizarme y de aquellas que me quieren servir. 





   ¿Que no hay alimañas a la vista? ¡Desconecta ese bicho que vibra y gime en el fondo del bolsillo! Apaga las que te persuaden que ¡es urgente! Te están solicitando para alejarte de la Alianza: Enséñales a obedecerte; mantenlas a distancia sin jamás hacerte semejante a ellas: te deborarán como leones ( 1 P 5,9). 

   ¿Que no percibes pasar ningún ángel? Ahora que has conseguido un poco de calma, tiende el oído. Los ángeles te recuerdan la Palabra de Dios que has escuchado en la Misa, o bien te sugieren abrir el Evangelio. Ellos te ayudarán a encontrar el Rosario que se dormía en el otro bolsillo: Te darán ideas para " comprometerte con Dios con una conciencia pura para participar en la Resurrección de Aquel que subió por encima de ellos" (1 P 3,22)
   Tomemos el tiempo para diferenciar a los ángeles de las alimañas: Cuando comenzamos a hacer la diferencia, el reino de Dios esta cerca (Mc 1, 15). Así entraremos verdaderamente en Cuaresma.


  

sábado, 25 de febrero de 2012

Testimonios de los Ejercicios

   Hoy con Maria, damos gracias a Dios por las gracias que las seis valientes que han hecho los Ejercicios esta semana han recibido, y encomendamos a todo ese grupo que hoy desea comenzar este tiempo fuerte cuaresmal con un dia de retiro. Ya os contaresmos màs sobre estas.


    Si, este es el grupo que durante cinco dias se han puesto a la escucha de la Palabra de Dios para dejarse sanar, iluminar, fortificar por la gracia del Espiritu, acompanadas por el P. Pereda cpcr y la Hna. M. Rafael cpcr. Os compartimos algunos de sus testimonios.
 
   "La tanda fue fantástica, oportuna, me ha llenado mucho, me ha gustado mucho."
   "Es la segunda vez que hago los Ejercicios. Son maravillosos. Me ha gustado más esta vez en que les he hecho sola, sin mi marido: quieras que no, estaba pendiente de él."

   "No pensaba venir. Me decidí en el último momento. Estoy muy comprometida en muchas cosas. Me cuesta concentrarme, pero el Señor me conoce. Iré a la parroquia 15 minutos antes de Misa para decirle al Señor: "aquí estoy". Haré lo mismo que antes, pero mejor."
 
  "Los Ejercicios me han servido para conocer mejor a Jesús y del conocimiento brota el amor. Quiero crecer en el amor hacia Él."

   "Venía con miedo. Sabía que esto es algo serio y marcho con un gran sentimiento de responsabilidad."

   "Hace unos años que no podía hacer los Ejercicios: hacía unos días de retiro sola, pero no es igual. Estos días me han ayudado mucho."

viernes, 24 de febrero de 2012

Caminar juntos hacia la santidad

     El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. 
    Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. 
    No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último
    En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). 
    El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). 
    La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca».
     Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. 
    El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor.
    Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros."
Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma

jueves, 23 de febrero de 2012

"Fijémonos": la responsabilidad para con el hermano


   Tras este diaporama que nos recueda el sentido profundo de este tiempo, continuamos compartiendo con vosotros el Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma en el que nos invita a una caridad concreta en este tiempo.

    "El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad
     Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. 
    Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos


    Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». 
    También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. 
     El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66). 

    La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual.  
    La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. 
    La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. 
    El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión.

    ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. 
    En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

miércoles, 22 de febrero de 2012

¡Qué gozada de tiempo!

Y de nuevo estamos en Cuaresma, este tiempo de entrenamiento, de invitacion a volver nuestro corazón hacia el Señor.
Tiempo de gozo. ¡Qué gozada de tiempo! se nos ofrece para juntos, los cristianos, a la una, nos estimulemos a fijar nuestros ojos en lo único necesario: el amor que Dios nos tiene y que nos ha manifestado en su Cristo Jesús.
Tiempo  para crecer en calidad: calidad de encuentro con el Señor por la oración, la limosna, las privaciones: 
Tiempo para dejar que Dios sea Dios en nuestra vida: el primero y principal que da sentido a todo.
 

El Santo Padre ha escrito para este tiempo un magnifico mensaje todo él centrado en la caridad.  Es mi propósito ofrecéroslo dosificado para que todo junto no os empache demasiado y podamos digerir bien juntos esta joya de enseñanza y estímulo en el camino hacia la Pascua.

"La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad
En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: 
«Fijémonos los unos en los otros 
para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24).


Esta frase forma parte de un texto en el que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. 
El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: 
se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), 
de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23),
con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). 
Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). 
Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal."

martes, 21 de febrero de 2012

Un discurso entusiasmante, alegre y profundo

El Papa definió como "entusiasmante, alegre y profundo" el discurso sobre la Nueva Evangelización que el viernes 17 de febrero pronunció el cardenal Timothy Dolan, dirigido al Papa y a los 133 cardenales. 

Santísimo Padre, señor cardenal Sodano, queridos hermanos:

¡Alabado sea Jesucristo!

Se remonta al último mandato de Jesús: "¡Vayan, y hagan discípulos en todas las naciones!", es tan actual como la Palabra de Dios que hemos escuchado en la liturgia de esta mañana...

Me refiero al deber sagrado de la nueva evangelización. Es "siempre antigua, siempre nueva". El cómo, el cuándo y el dónde pueden cambiar, pero el mandato sigue siendo el mismo, así como el mensaje y la inspiración: "Jesucristo... el mismo ayer, hoy y siempre".

Estamos reunidos en el caput mundi, evangelizada por los apóstoles Pedro y Pablo; en la ciudad de la que el sucesor de Pedro "ha enviado" evangelizadores a ofrecer la Persona, el mensaje y la invitación que están en el corazón de la evangelización, para toda la Europa, hasta el "nuevo mundo", en la era de los "descubrimientos geográficos", así como en África y Asia en tiempos más recientes.

Estamos reunidos frente a la basílica, donde el celo evangélico de la Iglesia se expandió durante el Concilio Vaticano II; cerca de la tumba del sumo pontífice que ha creado el término "Nueva Evangelización", familiar para todos.

Nos reunimos agradecidos por la compañía fraternal de un pastor que nos hace recordar todos los días, el desafío de la nueva evangelización.

Sí, estamos aquí juntos como misioneros, como evangelizadores.

Acogemos la enseñanza del Concilio Vaticano II, especialmente en lo que está expresado en los documentos Lumen Gentium, Gaudium et Spesy Ad Gentes, que especifican con precisión cómo entiende la Iglesia su propio deber evangélico, llamando a toda la Iglesia misionera; es decir, que todos los cristianos, en virtud del bautismo, la confirmación y la eucaristía, son evangelizadores.

Sí, el Concilio ha reiterado, sobre todo en Ad Gentes, que si bien son misioneros explícitos aquellos enviados a los lugares donde las personas nunca han oído el nombre mediante el cual todos los hombres han sido salvados, sin embargo, no hay cristiano que esté excluido de la tarea de dar testimonio de Jesús, transmitiendo a los demás el llamado del Señor en la vida cotidiana.


Por lo tanto, la misión se ha convertido en el punto central de la vida de cada Iglesia local, de cada creyente. La naturaleza misionera se renueva no sólo en un sentido geográfico, sino en el sentido teológico, en tanto el destinatario de la 'misión' no es sólo el no creyente, sino el creyente. Algunos se preguntaban si esta ampliación del concepto de la evangelización hubiese debilitado involuntariamente el significado de la misión 'ad gentes'.

El beato Juan Pablo II ha desarrollado esta nueva comprensión del término, haciendo hincapié en la evangelización de la cultura, en cuanto el parangón entre fe y cultura sustituyó la relación entre la Iglesia y el Estado que prevaleció hasta el Concilio, y en este cambio de acento consiste la tarea de reevangelizar culturas que alguna vez fueron el verdadero motor de los valores evangélicos. Así, la nueva evangelización se convierte en el reto de aplicar la llamada de Jesús a la conversión del corazón, no sólo ad extrasino también ad intra; a los creyentes y culturas en las que la sal del evangelio ha perdido su sabor. Por lo tanto, la misión se dirige no sólo a Nueva Guinea, sino también a Nueva York.


En la Redemptoris Missio, número 33, el beato Juan Pablo II presentó este planteamiento, haciendo una distinción entre la evangelización primaria --el anuncio de Jesús a los pueblos y contextos socioculturales donde Cristo y su Evangelio no son conocidos--, y la nueva evangelización --el reavivar la fe en la gente y las culturas en las que se ha apagado--, y la atención pastoral de las iglesias que viven la fe y han reconocido su compromiso universal.

Está claro que no hay oposición entre la misión ad gentes y  la nueva evangelización: no se trata de un aut-autsino de un et-et. La Nueva Evangelización genera misioneros entusiastas, y aquellos que están comprometidos en la misión ad gentes deben dejarse evangelizar continuamente.

Desde el Nuevo Testamento, la misma generación que recibió la misión ad gentes del Maestro en el momento de la Ascensión necesitaba que san Pablo la exhortase a "reavivar el carisma de Dios", reavivando la llama de la fe depositada en ellos. Esto es sin duda, uno de los primeros ejemplos de la nueva evangelización.


Y más recientemente, durante el alentador Sínodo sobre África, hemos escuchado las voces de nuestros hermanos que están ejerciendo su ministerio en los lugares donde la cosecha de la misión ad gentes era rica, pero ahora que han pasado dos o tres generaciones, también ellos sienten la necesidad de una nueva evangelización.

El reconocido misionero televisivo, arzobispo Fulton J. Sheen, dijo: "La primera palabra de Jesús a sus discípulos fue 'vengan', y la última fue 'vayan'. Uno no puede 'ir' a menos que primero no haya 'venido' a él".

Un gran reto, tanto para la misión ad gentescomo a la nueva evangelización, es el llamado secularismo. Escuchemos cómo lo describe el Santo Padre: "La secularización, que se presenta en las culturas como una configuración del mundo y de la humanidad sin referencia a la Trascendencia, invade todos los aspectos de la vida diaria y desarrolla una mentalidad en la que Dios de hecho está ausente, total o parcialmente, de la existencia y de la conciencia humanas. Esta secularización no es sólo una amenaza exterior para los creyentes, sino que ya desde hace tiempo se manifiesta en el seno de la Iglesia misma. Desnaturaliza desde dentro y en profundidad la fe cristiana y, como consecuencia, el estilo de vida y el comportamiento diario de los creyentes. Estos viven en el mundo y a menudo están marcados, cuando no condicionados, por la cultura de la imagen, que impone modelos e impulsos contradictorios, negando en la práctica a Dios: ya no hay necesidad de Dios, de pensar en él y de volver a él. Además, la mentalidad hedonista y consumista predominante favorece, tanto en los fieles como en los pastores, una tendencia hacia la superficialidad y un egocentrismo que daña la vida eclesial." (Discurso de Su Santidad Benedicto XVI a la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, 8.III.2008).

Esta secularización nos llama a una estrategia eficaz de evangelización.

Permítanme exponerla en siete puntos:

1. A decir verdad, al invitarme a hablar sobre este tema "El anuncio del Evangelio hoy: entre misión ad gentesy la nueva evangelización", el eminentísimo secretario de Estado, me pidió contextualizar el secularismo, sugiriendo que mi archidiócesis de Nueva York es quizá "la capital de la cultura secularizada".

Pero, --y creo que mi amigo y colega, el cardenal Edwin O'Brien, que creció en Nueva York, estará de acuerdo--, yo diría que Nueva York, a pesar de dar la impresión de ser secularizada, es sin embargo una ciudad muy religiosa.

Incluso en los lugares que suelen ser clasificados como "materialistas", tales como los medios de comunicación, el entretenimiento, las finanzas, la política, el arte, la literatura, hay una innegable apertura a la trascendencia, ¡a lo divino!

Los cardenales que sirven a Jesús y a su Iglesia en la Curia Romana pueden recordar el discurso de Su Santidad por la Navidad hace dos años, en el que se celebraba esta apertura natural a lo divino, incluso en aquellos que dicen adherirse al secularismo:

"...Considero importante sobre todo el hecho de que también las personas que se declaran agnósticas y ateas deben interesarnos a nosotros como creyentes. Cuando hablamos de una nueva evangelización, estas personas tal vez se asustan. No quieren verse a sí mismas como objeto de misión, ni renunciar a su libertad de pensamiento y de voluntad. Pero la cuestión sobre Dios sigue estando también en ellos... Como primer paso de la evangelización debemos tratar de mantener viva esta búsqueda; debemos preocuparnos de que el hombre no descarte la cuestión sobre Dios como cuestión esencial de su existencia; preocuparnos de que acepte esa cuestión y la nostalgia que en ella se esconde... Creo que la Iglesia debería abrir también hoy una especie de "atrio de los gentiles" donde los hombres puedan entrar en contacto de alguna manera con Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio, a cuyo servicio está la vida interna de la Iglesia".
Este es mi primer punto: Compartimos la convicción de los filósofos y poetas del pasado, los cuales no tenían la ventaja de haber recibido la revelación. Y, por eso, incluso una persona que dice adherirse al secularismo y despreciar las religiones, tiene dentro de sí una chispa de interés en el más allá, y reconoce que la humanidad y la creación serían un enigma absurdo sin un concepto de 'creador'.

En el cine hay ahora una película llamada The Way (El Camino), en la que uno de los protagonistas es un conocido actor, Martin Sheen. Quizás la hayan visto. Hace el papel de un padre cuyo hijo distanciado muere mientras recorre el Camino de Santiago de Compostela en España. El angustiado padre decide completar la peregrinación en lugar del hijo perdido. Es el icono del hombre secular: satisfecho de sí mismo, despectivo hacia Dios y la religión, que se definía "excatólico", cínico frente a a la fe... pero, sin embargo, es incapaz de negar que dentro de sí hay un interés irresistible de conocer más allá, una sed de algo más -o alguien más--, que crece en él a lo largo del camino.

Sí, podríamos tomar prestado lo que los apóstoles le dijeron a Jesús en el evangelio del domingo: ¡"todos te buscan"! Y te están buscando incluso hoy...


2. Esto me lleva al segundo punto: este hecho nos da una inmensa confianza y el coraje decisivo para cumplir con el sagrado deber de la misión y la nueva evangelización. "No tengan miedo", como suele decirse, es la exhortación más repetida en la Biblia.
Después del Concilio, la buena noticia era que el triunfalismo en la Iglesia había muerto. Pero, por desgracia, ¡también la confianza!

Estamos convencidos, confiados y valientes con la nueva evangelización gracias al poder de la Persona que nos ha confiado esta misión --da la casualidad de que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad--, y gracias a la verdad de su mensaje y la profunda apertura a lo divino, incluso entre las personas más secularizadas de nuestra sociedad actual.

¡Seguros, sí!


Triunfalistas, ¡nunca más!

Lo que nos mantiene lejos de la arrogancia y de la soberbia del triunfalismo es el reconocimiento de lo que nos enseñó el papa Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: ¡la Iglesia misma tiene siempre la necesidad de ser evangelizada!

Esto nos da la humildad de admitir que nemo dat quod non habet, que la Iglesia tiene una profunda necesidad de conversión interior, algo medular en la llamada a la evangelización.

3. Un tercer elemento para una misión eficaz es la conciencia de que Dios no sacia la sed del corazón humano con un concepto, sino a través de una persona que se llama Jesús. La invitación implícita en la misión ad gentes y la nueva evangelización no es una doctrina, sino un llamado a conocer, amar y servir --no a algo--, sino a alguien.


Santo Padre, cuando comenzó su pontificado, nos invitó a una amistad con Jesús, expresión con la que Usted ha definido la santidad. Es el amor de una Persona, una relación personal que está en el origen de nuestra fe.

Como escribe san Agustín: "Ex una sane doctrina impressam fidem credentium cordibus ingulorum qui hoc idem credunt verissime dicimus, sed aliud sunt ea quae creduntur, aliud fides qua reduntur" (De Trinitate, XIII, 2.5).

4. Y aquí está el cuarto punto: esta persona, este Jesús de Nazaret, nos dice que Él es la verdad. Por lo tanto, nuestra misión tiene una sustancia, un contenido. A veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y al umbral de este Año de la fe, nos encontramos con el reto de combatir el analfabetismo catequético.

Es verdad que la nueva evangelización es urgente, porque a veces el secularismo ha ahogado el grano de la fe; pero esto fue posible porque muchos creyentes no tienen la mínima idea de la sabiduría, la belleza y la coherenciade la Verdad.

Su eminencia el cardenal George Pell, dijo que "no es tan cierto que las personas han perdido la fe, sino que no la tuvieron desde el inicio; y si la había de algún modo, era tan insignificante que podía ser fácilmente arrancada".

Por eso el cardenal Avery Dulles nos ha llamado a una neoapologética, no radicada en discusiones vacías, sino en la Verdad que tiene un nombre, Jesús.

Del mismo modo, cuando el beato John Henry Newman recibió la tarjeta para la nominación al Colegio de Cardenales, advirtió sobre los peligros del liberalismo en la religión, es decir, "la doctrina según la cual no hay ninguna verdad positiva en la religión, en que un credo vale tanto como otro. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento y una preferencia personal".

Cuando Jesús nos dice "Yo soy la Verdad", dijo también que es "el Camino y la Vida." El camino de Jesús es al interior y a través de su Iglesia, que como una madre santa nos da la Vida del Señor.

lunes, 20 de febrero de 2012

¿DIOS EN LA VIDA PUBLICA?


    En un momento en que se suele presentar la religión como algo perjudicial o nocivo para la sociedad moderna, el cardenal Francis George de Chicago ha publicado un libro en el que sostiene con firmeza que la religión puede hacer una contribución única al bien común.
    En God in Action: How Faith in God Can Address the Challenges of the World (Dios en Acción: ¿Cómo la Fe en Dios puede afrontar los Retos del Mundo?), aclara desde el principio que no habla de religión en el sentido de su influencia sobre cómo piensa y actúa la gente, o como filosofía de vida.
   El libro, por el contrario, es un intento de discernir cómo actúa Dios en nuestra época. En otras palabras, se trata de seguir la recomendación del Vaticano II a los católicos de que lean los “signos de los tiempos”.
   Puesto que la autonomía humana se ha convertido en el valor más importante, y el progreso ha sustituido a la providencia, el papel de Dios en gran parte ha desaparecido de la conciencia popular, señalaba el cardenal George.

   También explicaba que la tendencia de la filosofía moderna de exaltar la voluntad por encima de la razón ha influido en la reacción antes situaciones en las que la voluntad de Dios se enfrenta con nuestros deseos. En vez de ver el seguimiento de la voluntad de Dios como un modelo de santidad y alegría, dicha sumisión a Dios se considera como una servidumbre a un poder arbitrario.
   A partir de los siglos XVII y XVIII los pensadores modernos redujeron a Dios a la causa primera que no juega papel vital alguno en la sociedad. De este modo, la religión se convierte en un asunto privado sin valor normativo.
   Una vez en este camino, se ha dado un inevitable deslizamiento hacia el deísmo y a presentar a Dios como un símbolo vacío. De ahí a ver a Dios como una amenaza al progreso humano sólo hay un paso, como ha ocurrido con Feuerbach, Marx y Freud.
  "Más tarde o más temprano, quienes están seguros de ser totalmente libres para determinar su propia identidad y sus acciones sin Dios, negarán su existencia", afirmaba el cardenal George.


Libertad
   Preguntaba después cómo es posible considerar que la actuación de Dios fortalece la libertad humana en vez de ser una amenaza para ella.
   A partir de Tomás de Aquino, el cardenal George explicaba que Dios no sólo crea sino que también sostiene lo que ha creado. Además, las criaturas actúan de una manera determinada porque Dios les ha dado esa determinada naturaleza".
   Un acto libre cuyo fin está en consonancia con la naturaleza humana se realiza bajo la providencia de Dios, no importa lo trivial o profundo que sea dicho acto. Vista bajo esta luz, la influencia de Dios no está fuera de la estructura de nuestro actuar ni es una imposición sobre nuestra libertad.
   Actuar, en cambio, con un fin contrario al bien de nuestra naturaleza humana no es libertad verdadera, ya que, según Tomás de Aquino, la libertad se ordena hacia el bien.
   El cardenal George recomendaba además que, si redescubrimos la perspectiva bíblica de un Dios que habla y actúa, podemos llegar a ver a Dios como un amigo de la libertad humana. Un Dios que se encarnó en Jesús y en el que dos voluntades, la divina y la humana, actúan en unión.
   "La libertad humana de Jesús debidamente ordenada no bloqueaba la libertad divina sino que era una imagen de ella", afirmaba.


   Tras la presentación inicial de su postura, el cardenal George dedicaba la mayor parte del libro, capítulo tras capítulo, a diversas consideraciones que exploran el papel de Dios en la sociedad, la búsqueda de la verdad, el cuerpo humano, y las áreas de la economía y de las relaciones internacionales.
    En el capítulo sobre la libertad y la verdad, señalaba que Dios actúa libremente al crear a los hombres y a las mujeres. Los seres humanos, a su vez, participan de este don al actuar libremente. Sin embargo, si la mentira nos atrapa, nuestro actuar humano impedirá colaborar con Dios, que es la verdad.


Verdad
   En contraste con la persona autónoma, que se autodefine por sus decisiones basadas únicamente en el deseo individual, existe otro sentido de persona, basado tanto en la fe como en la razón, sostenía el cardenal George.
   La ciencia y la tecnología pueden dar respuestas a muchas preguntas, pero debemos también lograr un conocimiento de nosotros mismos que viene de hacer preguntas como: ¿Quién soy? ¿Qué debo hacer? Las respuestas a estas cuestiones no se pueden deducir de las leyes de la física, sino que deben venir de una fuente espiritual regida y perfeccionada por la verdad.
   En esa fuente espiritual, continuaba el cardenal George, encontramos una verdad que nos convence y nos abre a nosotros mismos, a los demás y a nuestro mundo.
   "Nuestra dignidad como personas tiene sus raíces en la libertad que refleja a Dios y que llega a la propia conciencia desde la razón natural y desde la respuesta a la autorrevelación gratuita de Dios", afirmaba.
   Desgraciadamente, comentaba, en la sentencia del Tribunal Supremo de Planned Parenthood contra Casey, que establecía el derecho constitucional al aborto, los jueces afirmaron que la esencia de la personalidad es la capacidad de controlar y definir por uno mismo el significado y el propósito de la vida.
   Este pasaje consagra por ley el precepto de la libertad como algo separado de toda relación. "Es la libertad separada de la verdad de las cosas", observaba.

   Recuperar esta verdad es vital para trata con los desafíos que plantean muchas cuestiones de bioética, afirmaba en otro capítulo.
   No podemos esperar tener una conversación sobre la dignidad humana si partimos de una visión que ve a la persona como una mera colección de genes.
   Por el contrario, necesitamos encontrar la dignidad humana como una característica de la naturaleza humana que no puede perderse. La dignidad nos viene también de la aceptación del don de la salvación de Dios y de la vida en él.

Negocios
    La separación de la fe de los asuntos ordinarios de la vida no es un problema nuevo para los cristianos, señalaba el cardenal George al inicio del capítulo dedicado a la economía.
   Si viéramos los negocios como una vocación, podrían convertirse en un camino para lograr la santificación personal y ayudar a los demás a lograrlo también. De esto modo el trabajo llega a ser mucho más que cumplir con las normas y protocolos de una empresa.
   El trabajo se hace dentro de una comunidad de personas, y sirve también a la comunidad, defendía el cardenal George. Las personas se unen al servicio de la sociedad.   
 
   El mercado ofrece muchas oportunidades de ser creativos y productivos y de crear riqueza. Esto es bueno, admitía, pero hay también un orden de importancia.
   Los manuales de negocios aconsejan que las mejores empresas son las que respetan y cuidan de sus empleados, observaba. Esto, sin embargo, es una reflexión y una verdad profunda, es decir, que hemos sido creados por Dios como seres sociales.
   Es erróneo interpretar que el libro del Génesis considera el trabajo una maldición. Por el contrario, insistía el cardenal George, es una actividad creativa y trabajamos imitando la actividad creativa de Dios. Para un creyente, por tanto, el trabajo es participar en el plan de Dios para el mundo.
   "El trabajo es parte de nuestro ser criaturas de Dios, de trabajar en consonancia con su propósito y establecer el objetivo de lograr lo que es bueno para nosotros y para los demás", explicaba.

   La reciente crisis económica ha llevado a algunas personas religiosas a hablar como si fuera malo obtener beneficios. Esto está mal, sostenía el cardenal George, porque cuando una empresa logra beneficios ha utilizado sus recursos de manera correcta y se han satisfecho necesidades humanas.
   Aún así, el beneficio no es el criterio para juzgar la situación de una empresa. Es posible que las cuentas estén en orden y, al mismo tiempo, la personas que conforman la comunidad de trabajadores pueden ser humillados y ofendidos.

   Dios no dicta nuestras decisiones en el orden social, económico y político, pero a medida que avanzamos en nuestras vidas la actividad humana más importante es la búsqueda de Dios, concluía el cardenal George. Una llamada de atención oportuna en una época en la que la gente se pone con demasiada frecuencia como centro de atención.
John Flynn,L. C.

domingo, 19 de febrero de 2012

Oración matinal judía


Escucha mi voz suplicante en la mañana. 
Es desde por la mañana que aspiro hacia Ti.
Una noche más viene de pasar: vivo, existo, 
asisto una vez más a las maravillas de tu creación. 
¡Que mi primer pensamiento sea para ti Señor, 
que mi primera palabra sea un acto de agradecimiento!
¡Y cómo agradecerte Padre, Padre supremo, fuente de toda bondad! 
¿Con qué palabra mi alma mortal puede expresar mis acciones de gracias? 
De nuevo me veo rodeado de todos los míos. 
Eres tú que has velado sobre ellos durante los peligros de la noche. 


Eres tú que me los has devuelto en esta mañana, 
pues el Pastor de Israel no duerme ni reposa.
¡Qué bueno debes ser Señor, Tú que colmas al hombre de tanta felicidad. 
Y sin embargo cuantas veces no me habré mostrado ingrato hacia tus bienes. 
Cuantas veces me he revelado contra tus santos mandamientos. 
La fe ¿ha sido siempre mi luz? 
¿La esperanza mi consuelo? 
¿El amor el móvil de todas mis acciones? 
¿Cuantas veces en lugar de aspirar hacia el bien, 
he alimentado sentimientos de vanidad y orgullo? 


Recibe esta mañana, oh Padre Celeste, 
mi voto solemne de caminar desde ahora en tus vías, 
de obedecer a tus mandamientos, 
de socorrer al pobre, 
de consolar al infeliz, 
de amar a todos mis hermanos. 
Hoy quiero preservar mi cuerpo de todas las malas pasiones, 
de todas las debilidades condenables, 
ser humilde para ti, 
caritativo para mi prójimo, 
alegrarme de su felicidad.


Sostenme en los combates 
que afrontaré contra mis malas inclinaciones, 
y si mis fuerzas vienen a faltarme, 
ven en mi auxilio, pues eres el sostén de las almas débiles y sinceras.
Eres Tú que has sostenido a nuestro padre Israel 
en su lucha milagrosa contra el ángel de las tinieblas: 
vela sobre mi, o Padre mío, 
y hazme digno de tus beneficios. 
Amén

sábado, 18 de febrero de 2012


   En este sabado tenemos varias intenciones que confiar a nuestra Madre del cielo.
   En primer lugar el Consistorio que el Santo Padre ha convocado en Roma y a los nuevos Cardenales que ha nombrado para esta fecha. A las 10 de la mañana  el papa Benedicto XVI en el Aula Pablo VI se reunira con el colegio cardenalicio. También estaban los 22 obispos que mañana serán hechos cardenales.La creación de 22 nuevos cardenales tras el consistorio del 18 de febrero  dejará un total de 125 cardenales electores que proceden de 51 países.
   El colegio de cardenales es el organismo de la Iglesia Católica responsable de elegir a los futuros Papas. También el Papa confía a los cardenales algunas de las tareas más importantes de la Iglesia dentro y fuera del Vaticano.  Van vestidos de rojo como símbolo de que están dispuestos a derramar su sangre en servicio de Dios. 
   Benedicto XVI pidio ayer al nuevo cardenal de New York, Timothy Dolan, que hable de la nueva evangelización a los purpurados. El encuentro fue a puerta cerrada, y según testigos presenciales, ha sido uno de los más entusiasmantes que se han celebrado en el Vaticano. 
 

   La segunda intencion que hoy mas particularmente confiamos a la Virgen son los Ejercicios Espirituales para mujeres que el lunes comienzan en nuestra casa bajo la guia y acompanamiento del P. Hernan Pereda. Ya hay un grupito de interesadas al que esperamos se puedan unir màs. Asi nuestro mundo podra contar con esas "centineas de lo invisible" que tanto necesita la sociedad.