lunes, 31 de octubre de 2011

NUESTRO CUMPLE


  Sí. Es nuestro cumple.

  Hoy hace 68 años que la pequeña Congregación de las Hnas. Cooperatrices fue fundada en Chabeuil (Francia) por el P. Vallet.

  Orígenes humildes, fervorosos, casi heroicos en plena 2ª Guerra mundial: una joven viuda, la Sra. Virginia Plantavin que se convirtió en nuestra querida hermana Mª del Sgdo. Corazón, y Montserrat Vallet, hermana de nuestro Fundador, que no perseveró muchos años.
   Día de acción de gracias por todo lo que a lo largo de estos años el Señor, en nuestra pequeñez, ha querido realizar a través de nuestras pequeñas comunidades extendidas hoy en Argentina, Uruguay, Suiza, Francia y España. Tantas gracias entre nosotras y en torno nuestro, que conocemos, y que desconocemos (la gran mayoría). 

    Acción de gracias también a nuestros queridos Cooperadores, Padres y Hermanos, a quienes nos unen un mismo espíritu, carisma, misión. Ellos que han caminado a nuestro lado y han compartido con espíritu fraterno nuestros gozos y tristezas, en una colaboración apostólica no siempre fácil, pero sí, muy fecunda.

  Acción de gracias a nuestros ejercitantes, a nuestros amigos, a tantos bienhechores que han hecho posible que nuestra familia religiosa vaya siempre adelante, que nos han estimulado con sus testimonios, su ayuda, su colaboración, y sobretodo con su oración y sacrificio.

   ¡Cómo no entonar hoy con María un profundo Magníficat por lo que el Señor nos ha permitido ser y vivir durante estos 68 años de existencia! Ella que es nuestra Madre y Modelo sin igual, al servicio de la nueva evangelización, en las Casas de ejercicios, según lo soñaba el P. Vallet.

   “¡Cooperatriz Parroquial de Cristo Rey! ¡Pronta! Como María y las Santas Mujeres. Como esta Reina celestial y sus santas doncellas. ¡Pronta! Como ella con ellas, al servicio del Cenáculo, de los Apóstoles y los discípulos hasta Pentecostés; así vosotras al de sus sucesores en las perennes Pentecostés de los cenáculos de los Ejercicios. ¡Prontas! ¡Prontas a todo y para siempre jamás!”. P. Vallet

sábado, 29 de octubre de 2011

SENDERO DE SANACION

   « Toda falta, aun grave y repetida, no debe ser otra cosa para nosotros que una marcha hacia una perfección más elevada.
   La Inmaculada no nos permite de caer, sino para sanar nuestro amor propio, nuestro orgullo, y para empujarnos a la humildad que nos hace más dóciles a la gracia divina.
   En tales circunstancias el diablo, por el contrario, busca suscitar en nosotros la falta de confianza, el abatimiento que no son otra cosa que un nuevo indicio de orgullo.
   Si conociéramos bien nuestra miseria, no nos sorprenderíamos de nuestras caídas, sino más bien de no haber caído más bajo todavía y más a menudo – lo cual agradecemos a Dios. Sin la gracia divina y la misericordiosa asistencia de María, no hay pecado que no seamos capaces de cometer.
   Dicho esto, no está en nuestro poder sentir continuamente la dulzura de la devoción a María: seria glotonería espiritual”
San Maximiliano María Kolbe a sus hermanos de comunidad

viernes, 28 de octubre de 2011

AYUDA A NUESTRO DISCERNIMIENTO


   Os ofrecemos a continuación la Nota de orientación moral de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales del próximo 20 de noviembre publicada el pasado viernes tras la reunión de dos días de la Comisión Permanente. 

1. El próximo día 20 de noviembre estamos todos convocados a las urnas. Con este motivo, los obispos ofrecemos a los católicos y a cuantos deseen escucharnos algunas consideraciones que ayuden al ejercicio responsable del deber de votar. Es nuestra obligación de pastores de la Iglesia orientar el discernimiento moral para la justa toma de decisiones que afectan a la realización del bien común y al reconocimiento y la tutela de los derechos fundamentales, como es el caso de las elecciones generales.

2. En su discurso sobre los fundamentos del derecho, pronunciado el mes pasado ante el Parlamento federal de Alemania, el Papa recordaba que “el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. Se ha referido, en cambio, a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho [...], la razón abierta al lenguaje del ser”. Nosotros hacemos nuestras consideraciones desde ese horizonte de los fundamentos prepolíticos del derecho, sin entrar en opciones de partido y sin pretender imponer a nadie ningún programa político. Cada uno deberá sopesar, en conciencia, a quién debe votar para obtener, en conjunto, el mayor bien posible en este momento.


3. No se podría hablar de decisiones políticas morales o inmorales, justas o injustas, si el criterio exclusivo o determinante para su calificación fuera el del éxito electoral o el del beneficio material. Esto supondría la subordinación del derecho al poder. Las decisiones políticas deben ser morales y justas, no sólo consensuadas o eficaces; por tanto, deben fundamentarse en la razón acorde con la naturaleza del ser humano. No es cierto que las disposiciones legales sean siempre morales y justas por el mero hecho de que emanen de organismos políticamente legítimos.

4. En concreto, como ha señalado el Papa en agosto, aquí en Madrid, la recta razón reconoce que hemos sido creados libres y para la libertad, pero que no actúan de modo conforme con la verdadera libertad quienes “creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos; desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar a cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento”.


5. Por todo ello, hemos de llamar de nuevo la atención sobre el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, o que incluso llegan a tratar como un derecho lo que en realidad constituye un atentado contra el derecho a la vida. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos. Es necesario promover nuevas leyes que reconozcan y tutelen mejor el derecho de todos a la vida, así como el derecho de los españoles a ser tratados por la ley específicamente como “esposo” y “esposa”, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes.


6. La grave crisis económica actual reclama políticas sociales y económicas responsables y promotoras de la dignidad de las personas, que propicien el trabajo para todos. Pensamos en tantas familias, carentes de los medios necesarios para subvenir a sus necesidades más básicas. Pensamos también en el altísimo porcentaje de jóvenes que nunca han podido trabajar o que han perdido el trabajo y que, con razón, demandan condiciones más favorables para su presente y su futuro. Son necesarias políticas que favorezcan la libre iniciativa social en la producción y que incentiven el trabajo bien hecho, así como una justa distribución de las rentas; que corrijan los errores y desvíos cometidos en la administración de la hacienda pública y en las finanzas; que atiendan a las necesidades de los más vulnerables, como son los ancianos, los enfermos y los inmigrantes.

7. El ordenamiento jurídico debe facilitar el ejercicio efectivo del derecho que asiste a los niños y jóvenes a ser educados de modo que puedan desarrollar lo más posible todas sus capacidades. Debe evitar imposiciones ideológicas del Estado que lesionen el derecho de los padres a elegir la educación filosófica, moral y religiosa que deseen para sus hijos. En cambio, ha de ser facilitada la justa iniciativa social en este campo. La presencia de la enseñanza de la religión y moral católica en la escuela estatal - como asignatura fundamental opcional - es un modo de asegurar los derechos de la sociedad y de los padres que exige hoy una regulación más adecuada para que esos derechos sean efectivamente tutelados.


8. Recordamos de nuevo que se reconoce la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del estado español. Y también, que es necesario tutelar el bien común de la nación española en su conjunto, evitando los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo.

9. Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, dado que el terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión justa y razonable de la vida.

10. Ante los desafíos que se presentan a la comunidad internacional, son necesarias políticas guiadas por la búsqueda sincera de la paz, basadas en el respeto al derecho, nacional e internacional, así como en la promoción del entendimiento y de la solidaridad entre los pueblos y las culturas.


Pedimos al Señor de la paz y a su Madre santísima que iluminen a quienes vamos a votar, para que lo hagamos de manera verdaderamente libre y responsable.

jueves, 27 de octubre de 2011


Queridos hermanos y hermanas,
Distinguidos Jefes y representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de las Religiones del mundo,
queridos amigos

Han pasado veinticinco años desde que el beato Papa Juan Pablo II invitó por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a Asís para una oración por la paz. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? ¿A qué punto está hoy la causa de la paz? En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provenía de la división del planeta en dos bloques contrastantes entre sí. El símbolo llamativo de esta división era el muro de Berlín que, pasando por el medio de la ciudad, trazaba la frontera entre dos mundos. En 1989, tres años después de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre. De repente, los enormes arsenales que había tras el muro dejaron de tener sentido alguno. Perdieron su capacidad de aterrorizar. El deseo de los pueblos de ser libres era más fuerte que los armamentos de la violencia. La cuestión sobre las causas de este derrumbe es compleja y no puede encontrar una respuesta con fórmulas simples. Pero, junto a los factores económicos y políticos, la causa más profunda de dicho acontecimiento es de carácter espiritual: detrás del poder material ya no había ninguna convicción espiritual. Al final, la voluntad de ser libres fue más fuerte que el miedo ante la violencia, que ya no contaba con ningún respaldo espiritual. Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz. Y es preciso añadir en este contexto que, aunque no se tratara sólo, y quizás ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, también se trataba de ella. Por eso podemos relacionar también todo esto en cierto modo con la oración por la paz.



Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. Aunque no haya a la vista amenazas de una gran guerra, el mundo está desafortunadamente lleno de discordia. No se trata sólo de que haya guerras frecuentemente aquí o allá; es que la violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo.

Tratemos de identificar más de cerca los nuevos rostros de la violencia y la discordia. A grandes líneas – según mi parecer – se pueden identificar dos tipologías diferentes de nuevas formas de violencia, diametralmente opuestas por su motivación, y que manifiestan luego muchas variantes en sus particularidades. Tenemos ante todo el terrorismo, en el cual, en lugar de una gran guerra, se emplean ataques muy precisos, que deben golpear destructivamente en puntos importantes al adversario, sin ningún respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. A los ojos de los responsables, la gran causa de perjudicar al enemigo justifica toda forma de crueldad. Se deja de lado todo lo que en el derecho internacional ha sido comúnmente reconocido y sancionado como límite a la violencia. Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente y que, precisamente el carácter religioso de los ataques sirve como justificación para una crueldad despiadada, que cree poder relegar las normas del derecho en razón del «bien» pretendido. Aquí, la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia.



A partir de la Ilustración, la crítica de la religión ha sostenido reiteradamente que la religión era causa de violencia, y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. En este punto, que la religión motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente. De una forma más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde se practica la violencia por parte de defensores de una religión contra los otros. Los representantes de las religiones reunidos en Asís en 1986 quisieron decir – y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza – que esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción. Contra eso, se objeta: Pero, ¿cómo sabéis cuál es la verdadera naturaleza de la religión? Vuestra pretensión, ¿no se deriva quizás de que la fuerza de la religión se ha apagado entre vosotros? Y otros dirán: ¿Acaso existe realmente una naturaleza común de la religión, que se manifiesta en todas las religiones y que, por tanto, es válida para todas? Debemos afrontar estas preguntas si queremos contrastar de manera realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos. Aquí se coloca una tarea fundamental del diálogo interreligioso, una tarea que se ha de subrayar de nuevo en este encuentro. A este punto, quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia. La Cruz de Cristo es para nosotros el signo del Dios que, en el puesto de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro. Su nombre es «Dios del amor y de la paz» (2 Co 13,11). Es tarea de todos los que tienen alguna responsabilidad de la fe cristiana el purificar constantemente la religión de los cristianos partiendo de su centro interior, para que – no obstante la debilidad del hombre – sea realmente instrumento de la paz de Dios en el mundo.


Si bien una tipología fundamental de la violencia se funda hoy religiosamente, poniendo con ello a las religiones frente a la cuestión sobre su naturaleza, y obligándonos todos a una purificación, una segunda tipología de violencia de aspecto multiforme tiene una motivación exactamente opuesta: es la consecuencia de la ausencia de Dios, de su negación, que va a la par con la pérdida de humanidad. Los enemigos de la religión – como hemos dicho – ven en ella una fuente primaria de violencia en la historia de la humanidad, y pretenden por tanto la desaparición de la religión. Pero el «no» a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible sólo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de sí, sino que tomaba como norma solamente a sí mismo. Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios.


Pero no quisiera detenerme aquí sobre el ateísmo impuesto por el Estado; quisiera hablar más bien de la «decadencia» del hombre, como consecuencia de la cual se produce de manera silenciosa, y por tanto más peligrosa, un cambio del clima espiritual. La adoración de Mamón, del tener y del poder, se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afán desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas. Hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios, y después muchos otros seducidos y arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el ánimo. La violencia se convierte en algo normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo. Puesto que la violencia llega a hacerse normal, se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a sí mismo

La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, ¿dónde está Dios? ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora. He dicho que hay una concepción y un uso de la religión por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientación del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del diálogo, y he hablado de la purificación, siempre necesaria, de la religión vivida. Por otro lado, he afirmado que la negación de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.


Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: «No existe ningún Dios». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él. Son «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un Dios, y los invitan a que, en vez de polémicos, se conviertan en personas en búsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en función de ella. Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás. Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero Dios, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta. Que ellos no logren encontrar a Dios, depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a los creyentes a purificar su propia fe, para que Dios – el verdadero Dios – se haga accesible. Por eso he invitado de propósito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en Asís, que no sólo reúne representantes de instituciones religiosas. Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho. Para concluir, quisiera aseguraros que la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz».

martes, 25 de octubre de 2011

POR LA PAZ


   El próximo 27 de octubre el Papa celebrara en Asís el 25 aniversario del encuentro interreligioso organizado por Juan Pablo II.



   Una jornada de reflexión, de dialogo y de oración por la paz y la justicia en el mundo, cuyo tema será: Peregrinos de la Verdad, Peregrinos de la Paz.



   Se reunirán, no solo los  representantes de las diferentes comunidades cristianas del mundo y de las grandes tradiciones religiosas, sino también personalidades del mundo de la cultura y de la ciencia, quienes "sin profesar ninguna religión, se sienten en el camino de búsqueda de la verdad y perciben la común responsabilidad por la causa de la justicia y de la paz en el mundo".


 

   Las delegaciones saldrán juntas desde Roma con el Santo Padre en tren el 27 por la mañana. El primer encuentro se realizara en la Basílica de Santa María de los Ángeles, donde tras una conmemoración de los anteriores encuentros, profundizaran juntos el tema propuesto. No faltara tiempo para el silencio y la reflexión.



   Juntos subirán el camino hacia la Basílica de san Francisco para "simbolizar el camino de cada ser humano en la búsqueda asidua de la verdad y en la construcción activa de la justicia y de la paz".




    Cada ser humano es, en última instancia, un peregrino en busca de la verdad y del bien. También los creyentes están constantemente en camino hacia Dios: de ahí la posibilidad, es más la necesidad, de hablar y entablar un diálogo con todos, creyentes y no creyentes, sin renunciar a la propia identidad o caer en formas de sincretismo. En la medida en que la peregrinación de la verdad es vivida auténticamente, abre el camino al diálogo con el otro, no excluye a nadie y compromete a todos a ser constructores de fraternidad y de paz. Estos son los elementos que el Santo Padre desea situar en el centro de la reflexión




   En Asís los responsables religiosos no rezan juntos, se reúnen para rezar cada uno según su tradición. Juan Pablo II declaraba la significación profunda de estos encuentros cuando decía: "nuestro encuentro atestigua sencillamente que en la gran batalla por la paz, la humanidad, con su diversidad, debe buscar en las fuentes las más profundas y vivificantes donde la conciencia se forma y donde se forma también el actuar moral de los hombres."

    En preparación para esta Jornada, el Papa Benedicto XVI presidirá una vigilia de oración en San Pedro la noche anterior, junto con los fieles de la diócesis de Roma. Las iglesias particulares y las comunidades de todo el mundo están invitadas a organizar momentos de oración similares.



    El Papa pide a los fieles católicos que se unan espiritualmente a él en la celebración de este importante evento y agradece a todos los que podrán estar presentes en la ciudad de san Francisco para compartir esta peregrinación espiritual.
    En nuestras diocesis respectivas no faltan iniciativas para este evento en las que vale la pena participar por el bien de la paz y de la fraternidad entre los hombres, entre los pueblos.

lunes, 24 de octubre de 2011

COMPARTIENDO EL FIN DE SEMANA


   Un fin de semana intenso y entrañable  en la Casa Mare de Déu de Montserrat.
  El sábado cerca de una treintena de mujeres se reunía para una jornada de retiro espiritual
   La mañana se pasó en torno al tema de la mision que concierne a todo bautizado. Mosén Valenti Alonso reemplazo a  Mosén Fluriach y tras la Exposición del Santísimo confesó gran parte de la jornada. Tras la comida y un Rosario misionero, clausuro el todo una Eucaristía largamente explicada y comentada que ayudo mucho a las participantes a vivir más profundamente la Misa. Una vez más damos gracias al Señor por las maravillas que realiza en las almas.


   A algunas habituales del retiro, las echamos de menos. Pero estábamos con ellas y sus familias al participar en la profesión solemne de la Hna. María Jesús, en el Carmelo de Igualada. Esta Carmelita es hija de nuestros queridos Agustín Villalva y María Luisa. 


   Y el domingo, menuda fiesta se armó!!!

  ¿Los culpables?

    Nuestros más que queridos amigos, por no llamarlos hermanos, Juan y Margarita Guinart que celebraban sus Bodas de Oro matrimoniales en nuestra casa. La celebración reunión entorno a un  centenar de personas entre hijos, nietos, hermanos, sobrinos. 

Margarita y Joan rodeados de sus hijos y nietos

  Todo comenzó con la celebración de la Eucaristía, acción de gracias por excelencia, presidida por nuestro obispo Monseñor Joseph Ángel Saiz Meneses, viejo amigo de esta familia. En la Homilía puso de relieve que el amor no se muestra solo en las palabras bonitas sino en los detalles de cada día, de todos los días.

Marga, Carmen, Luis, y Antonio Guinart
   En la sobremesa no faltaron los cantos de la Coral familiar presidida por Carmen Guinart, ni los recuerdos y agradecimientos de los hermanos Elisa, Antonio, Pepita, y del mismo Joan, así como un video recapitulativo de esta auténtica historia de amor fiel.

Los nietos cantan y en las camisetas se lee una felicitacion
   Para nosotras fue una gozada compartir esta jornada con esta familia que no podemos dejar de considerar como propia. Las razones son múltiples y solo os recuerdo alguna: Joan Guinart, el abuelo ya farmacéutico, fue un gran amigo y colaborador del P. Vallet, uno de los pilares de la Obra dels Exercisis Spirituals fundada por él en Cataluña. La casa de los Guinart ha estado siempre hasta el día de hoy incondicionalmente abierta a todas las necesidades de los cpcr que pasaban por Barcelona, a cualquier hora del día y de la noche (doy fe de ello con hermosas experiencias). Esa farmacia, cuantos recuerdos encierra en nuestra historia! Otra razón es que la Roser Guinart, ingresó en las Cooperatrices a comienzo de los años sesenta: nuestra querida Hna. María de Montserrat que muchos recuerdan aun con tanto cariño tan entregada en Caldes, y que falleció en 1993.

Hnas. M. Teresa, M. Montserrat, M. San Juan, y M. Rafael con la familia Guinart
   Damos gracias al Señor por las alegrías vividas estos días y por los testimonios de amor y de generosidad de los que hemos sido testigos.

sábado, 22 de octubre de 2011

TU ES CHRISTUS

JUAN PABLO II Y EL ROSARIO

   Me llama poderosamente la atención que en todos los santorales a mi alcance de las revistas semanales, el santo de hoy por Internet etc., en ninguna parte se hace mención que hoy es el día que la iglesia ha reservado a la memoria del Beato Juan Pablo II. Sin embargo estoy segura que no nos hemos olvidado de él.
   Un Papa mariano y evangelizador por excelencia. Por eso en el mes del Rosario, del cual hasta hoy no he hecho mención quiero compartiros unas palabras suyas sobre esta importante devoción:
  El Rosario de la Virgen María en su sencillez y profundidad, permanece, incluso durante el Tercer milenio, una oración de una gran significación, destinada a dar frutos de santidad; se sitúa bien en la línea espiritual de un cristianismo que, después de 2000 años, no ha perdido nada de la frescura de los orígenes y que se siente empujado por el Espíritu Santo a avanzar “mar adentro” (Duc in altum!) para decir de nuevo, e incluso para gritar al mundo, que Cristo es Señor y salvador, que es “el camino la verdad y la vida”, que El es “el final de la historia humana, el punto hacia el cual convergen los deseos de la historia y de la civilización” Rosarium Virginis Mariae


   En la víspera del DOMUND os invito hoy, muy unidos a Juan Pablo II, en comunión mutua, a recitar un Rosario misionero. Cada decena por un continente, ofreciéndole a María los países en guerra, los que sufren de la pobreza moral o espiritual, los que viven bajo dictaduras o totalitarismos deshumanizantes… para que la Buena Nueva de Cristo Nuestro Señor y Salvador llegue a lo más profundo de los corazones. Por todos los que están comprometidos en la evangelización de esas tierras que con tanto ardor visito nuestro querido Papa que hoy celebramos. 


   Feliz fiesta del beato Juan Pablo II!!!
 

viernes, 21 de octubre de 2011

EL SALMO QUE REZO JESUS



   Queridos hermanos y hermanas,
  Hoy querría meditar con vosotros un Salmo que resume toda la historia de salvación de la que el Antiguo Testamento nos da testimonio. Se trata de un gran himno de alabanza que celebra al Señor en las múltiples, repetidas manifestaciones de su bondad a través de la historia de los hombres: es el Salmo 136, o 135 según la tradición greco-latina.
  Solemne oración de acción de gracias, conocido como el “Gran Hallel”, este Salmo se canta tradicionalmente al final de la cena pascual hebrea y Jesús probablemente también lo rezó en la última Pascua celebrada con los discípulos; a eso parece que se refiere la nota de los Evangelistas: “Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos” (cf. Mt 26,30; Mc 14,26). El horizonte de la alabanza ilumina así el difícil camino hacia el Gólgota.


   Todo el Salmo 136 se desarrolla en forma de letanía con la repetición de la antífona “porque su amor es para siempre”. A través de la composición se enumeran los muchos prodigios de Dios en la historia de los hombres y sus continuas intervenciones a favor de su pueblo; y a cada proclamación de la acción salvífica del Señor responde la antífona con la motivación fundamental de la alabanza: el amor eterno de Dios, un amor que, según el término judío utilizado, implica fidelidad, misericordia, bondad, gracia, ternura. Y este es el motivo que une todo el Salmo, repetido siempre de forma similar, mientras cambian las manifestaciones puntuales y paradigmáticas: la creación, la liberación del éxodo, el don de la tierra, la ayuda providencial y constante del Señor hacia su pueblo y a cada criatura.

   Después de una triple invitación al agradecimiento al Dios soberano (vv. 1-3), se celebra al Señor como aquel que hace “grandes maravillas” (v.4), la primera de las cuales es la creación: el cielo, la tierra, los astros (vv. 5-9). El mundo creado no es un simple escenario en el que se inserta la actuación salvífica de Dios, sino que es el inicio de esta actuación maravillosa. Con la Creación, el Señor se manifiesta en toda su bondad y belleza, se compromete con la vida, revelando una voluntad de bien de la que emana toda actuación de salvación. Y en nuestro Salmo, haciéndose eco del primer capítulo del Génesis, el mundo creado se resume es sus elementos principales, insistiendo, especialmente, en los astros, el sol, la luna, las estrellas, criaturas magníficas que gobiernan el día y la noche. No se habla aquí de la creación del ser humano, pero está presente; el sol y la luna son para él -para el hombre-, para calcular el tiempo del hombre, poniéndolo en relación con el Creador, sobre todo a través de la indicación de los tiempos litúrgicos.
   Y es la misma fiesta de Pascua la que se evoca poco después, cuando pasando a la manifestación de Dios en la historia, se inicia el gran suceso de la liberación de la esclavitud de los egipcios, del éxodo, marcado con sus elementos más significativos: la liberación de Egipto con la plaga de los primogénitos egipcios, la salida de Egipto, el paso del Mar Rojo, el camino en el desierto hasta la entrada a la tierra prometida (vv.10-20). Estamos en el momento originario de la historia de Israel. Dios ha intervenido potentemente para llevar a su pueblo a la libertad; a través de Moisés, su enviado, se ha impuesto al faraón revelándose en toda su grandeza y, finalmente, ha vencido la resistencia de los egipcios con el terrible flagelo de la muerte de los primogénitos. Así Israel puede dejar el país de la esclavitud, con el oro de sus opresores (cf. Ex 12,35-36), “con la mano alzada” (Ex 14,8), en el signo exultante de la victoria. También en el Mar Rojo, el Señor actúa con poder misericordioso.

   Ante un Israel aterrorizado por la visión de los egipcios que los persiguen, hasta el punto de que se lamentan de haber dejado Egipto (cf. Ex 14,10-12), Dios, come dice nuestro Salmo, “el mar de Suf partió en dos […] por medio a Israel hizo pasar […] hundió en él al faraón con sus huestes” (vv. 13-15). La imagen del Mar Rojo “partido” en dos, parece evocar la idea del mar como un gran monstruo que se corta en dos trozos y que resulta inofensivo. El poder del Señor vence la peligrosidad de las fuerzas de la naturaleza y de las militares puestas en juego por los hombres: el mar, que parece bloquear el camino al pueblo de Dios, deja pasar a Israel a pie seco y después se cierra sobre los Egipcios ahogándolos. “Mano potente y tenso brazo” del Señor (cf. Dt 5,15; 7,19; 26,8) se muestran así en toda su fuerza salvífica: el injusto opresor ha sido vencido, ahogado en las aguas, mientras que el pueblo de Dios “pasa por medio” de ellas para continuar su camino hacia la libertad.

   A este camino se refiere nuestro Salmo recordando, con una frase brevísima, el largo peregrinar de Israel hacia la tierra prometida: “Guió a su pueblo en el desierto, porque es eterno su amor” (v.16). Estas pocas palabras contienen una experiencia de cuarenta años, un tiempo decisivo para Israel que, dejándose guiar por el Señor, aprende a vivir en la fe, en la obediencia y en la docilidad a la ley de Dios. Son años difíciles, marcados por la dureza de la vida en el desierto, aunque también son años felices, de confianza en el Señor, de confianza filial; es el tiempo de la “juventud”, como lo define el profeta Jeremías hablando a Israel, en nombre del Señor, con expresiones llenas de ternura y de nostalgia: “De ti recuerdo tu cariño juvenil, el amor de tu noviazgo; aquel seguirme tú por el desierto, por la tierra no sembrada (Jr 2,2). El Señor, como el pastor del Salmo 23 que ya hemos visto en otra catequesis, durante cuarenta años guió a su pueblo, lo educó y amó, llevándolo hasta la tierra prometida, venciendo también las resistencias y hostilidades de pueblos enemigos que querían obstaculizar el camino de la salvación (cf. vv. 17-20).
   En la descripción de las “grandes maravillas” que nuestro Salmo enumera, se llega al momento del don final, del cumplimiento de la promesa divina hecha a los Padres: “Y dio sus tierras en herencia, porque es eterno su amor; en herencia a su siervo Israel, porque es eterno su amor (vv. 21-22). En la celebración del amor eterno del Señor, se hace ahora memoria del don de la tierra, un don que el pueblo debe recibir pero sin poseer, viviendo continuamente con un comportamiento de acogida consciente y agradecida. Israel recibe el territorio donde habitar como “herencia”, un término que designa de un modo genérico la posesión de un bien recibido de otro, un derecho de propiedad que, de forma específica, hace referencia al patrimonio paterno. Una de las prerrogativas de Dios es la de “dar”; y ahora al final del camino del éxodo, Israel, destinatario del don, como un hijo, entra en el país de la promesa realizada. Ha terminado el tiempo del vagabundeo, bajo las tiendas, en una vida marcada por la precariedad. Ahora ha comenzado el tiempo feliz de la estabilidad, de la alegría de construir casas, de plantar las viñas, de vivir en la seguridad (cf. Dt 8,7-13). Pero es también el tiempo de la tentación de los ídolos, de la contaminación con los paganos, de la autosuficiencia que hace caer en el olvido el Origen del don. Por esto el Salmista menciona la humillación y los enemigos, una realidad de muerte en la que el Señor, de nuevo, se revela como Salvador: “En nuestra humillación se acordó de nosotros, porque es eterno su amor; y nos libró de nuestros adversarios, ¡porque es eterno su amor! (vv. 23-24).


   En este punto nace la pregunta: ¿Cómo podemos hacer de este Salmo nuestra oración, cómo podemos apropiarnos, por nuestra oración, de este Salmo? Es muy importante el marco del Salmo, al principio y al final: está la creación. Volveremos a este punto: la creación como el gran don de Dios del que vivimos, en el que Él se revela en su bondad y en su grandeza. Por tanto, tener presente la creación como don de Dios es un punto común para todos nosotros. Después continúa la historia de salvación. Naturalmente podemos decir: esta liberación de Egipto, el tiempo del desierto, la entrada en la Tierra Santa y después los demás problemas, están muy lejanos de nosotros, no es nuestra historia. Pero debemos estar atentos a la estructura fundamental de esta oración. La estructura fundamental es que Israel se acuerda de la bondad del Señor. En esta historia hay muchos valles oscuros, muchos momentos de dificultades y de muerte, pero Israel se acuerda de que Dios era bueno y puede sobrevivir en este valle oscuro, en este valle de muerte porque se acuerda. Tiene el recuerdo de la bondad del Señor, de su poder; su misericordia es eterna.


   Y esto es importante también para nosotros: acordarnos de la bondad del Señor. La memoria se convierte en fuerza de la esperanza. El recuerdo nos dice: Dios está, Dios es bueno, eterna es su misericordia. Y así el recuerdo abre, incluso en la oscuridad de un día, de un momento, el camino hacia el futuro: es la luz y la estrella que nos guía. También nosotros tenemos un recuerdo del bien, del amor misericordioso, eterno de Dios. La historia de Israel ya es un memorial también para nosotros, cómo se muestra Dios, cómo se ha creado un pueblo. Después Dios se ha hecho hombre, uno de nosotros: ha vivido con nosotros, ha sufrido con nosotros, ha muerto por nosotros. 
   Permanece con nosotros en el Sacramento y en la Palabra. Es una historia, un memorial de la bondad de Dios que nos asegura su bondad: su amor es eterno. Y también en estos dos mil años de historia de la Iglesia, está siempre, la bondad del Señor. Después del periodo oscuro de la persecución nazi y comunista, Dios nos ha liberado, ha mostrado que es bueno, que tiene fuerza, que su misericordia vale para siempre. Y, como en la historia común, colectiva, está presente esta memoria de la bondad de Dios, nos ayuda, se convierte en estrella de esperanza, de manera que cada uno tiene su historia personal de salvación, y debemos hacer un tesoro de esta historia, tener siempre presentes en la memoria las grandes cosas que Dios ha hecho en mi vida, para tener confianza: su misericordia es eterna. Y si hoy estoy en la noche oscura, mañana Él me libera porque su misericordia es eterna.
    Volvamos al Salmo, porque, al final, vuelve a la creación. El Señor -dice así- “Él da el pan a toda carne, porque es eterno su amor” (v. 25). La oración del Salmo se concluye con una invitación a la alabanza: “¡Dad gracias al Dios de los cielos, porque es eterno su amor!”. El Señor es el Padre bueno y providente, que da la herencia a sus propios hijos y el alimento para que todos vivan. El Dios que ha creado los cielos y la tierra y las grandes luces celestes, que entra en la historia de los hombres para llevar a la salvación a todos sus hijos, es el Dios que llena el universo con su presencia de bien, cuidando la vida y dando el pan. El invisible poder del Creador y Señor cantado en el Salmo se revela en la pequeña visibilidad del pan que nos da, con el que nos hace vivir. Y así este pan cotidiano simboliza y sintetiza el amor de Dios como Padre, y nos abre al cumplimiento del Nuevo Testamento, a aquel “pan de la vida”, la Eucaristía, que nos acompaña en nuestra existencia de creyentes, anticipando la alegría definitiva del banquete mesiánico en el Cielo.

   Hermanos y hermanas, la alabanza del Salmo 136 nos ha hecho recorrer las etapas más importantes de la historia de la salvación, hasta alcanzar el misterio pascual, en el que la acción salvadora de Dios llega a su culmen. Con alegría consciente celebramos, por tanto, al Creador, Salvador y Padre fiel, que “tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios se hace hombre para dar vida, para salvarnos a cada uno de nosotros, y se da como pan en el misterio eucarístico para hacernos entrar en su alianza que nos convierte en hijos. A todo esto llega la misericordia de Dios y la sublimidad de “su amor eterno”.
   Quisiera concluir esta catequesis haciendo mías las palabras que San Juan escribe en su Primera Carta y que debemos tener siempre presentes en nuestra oración “¡Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! (1Jn 3,1). Gracias.

jueves, 20 de octubre de 2011

   
   ¡Queridos amigos!
   Habéis elegido como lema para vuestra reflexión la expresión: “La Palabra de Dios crece y se multiplica”. Muchas veces el evangelista Lucas usa esta fórmula en el libro de los Hechos de los Apóstoles; en distintas situaciones, él afirma, de hecho, que “la Palabra de Dios crecía y se multiplicaba” (cfr Hch 6,7; 12,24). Pero en el tema de esta jornada vosotros habéis modificado el tiempo de los dos verbos para evidenciar un aspecto importante de la fe: la certeza consciente de que la Palabra de Dios está siempre viva, en todos los momentos de la historia, hasta nuestros días, porque la Iglesia la actualiza a través de su fiel transmisión, la celebración de los Sacramentos y el testimonio de los creyentes. Por esto nuestra historia está en continuidad con la de la primera Comunidad Cristiana, vive con el mismo espíritu.

   ¿Pero qué terreno encuentra la Palabra de Dios? Como entonces, también hoy encuentra cierre y rechazo, modos de pensar y de vivir que están lejos de la búsqueda de Dios y de la verdad. El hombre contemporáneo está, a menudo, confuso y no consigue encontrar respuestas a tantas preguntas que agitan su mente con respecto al sentido de la vida y a las cuestiones que alberga en lo profundo de su corazón. El hombre no puede eludir estas preguntas que afectan al significado de sí mismo y de la realidad, ¡no puede vivir en una sola dimensión! Sin embargo, no por casualidad, es alejado de la búsqueda de los esencial de la vida, mientras que se le propone una felicidad efímera, que lo contenta sólo un instante, pero que deja, enseguida, tristeza e insatisfacción.
   Sin embargo, a pesar de esta condición del hombre contemporáneo, podemos todavía afirmar con certeza, como en los comienzos del cristianismo, que la Palabra de Dios continúa creciendo y difundiéndose. 
   ¿Por qué? Querría destacar, al menos, tres motivos. 
   El primero es que la fuerza de la Palabra no depende, en primer lugar, de nuestra acción, de nuestros medios, de nuestro “hacer”, sino de Dios, que esconde su poder bajo los signos de la debilidad, que se hace presente en la brisa ligera de la mañana (cfr 1Re 19,12), que se revela en el leño de la Cruz. ¡Debemos creer siempre en el humilde poder de la Palabra de Dios y dejar que Dios actúe! 

   El segundo motivo es que la semilla de la Palabra, como narra la parábola evangélica del Sembrador, cae también hoy en un terreno bueno que la acoge y produce fruto (cfr Mt 13,3-9). Y los nuevos evangelizadores son parte de este campo que permite al Evangelio crecer en abundancia y transformar la propia vida y la de los demás. En el mundo, aunque el mal hace más ruido, continúa existiendo un terreno bueno. 
   El tercer motivo es que el anuncio del Evangelio ha llegado efectivamente a los confines del mundo e, incluso en medio de la indiferencia, incomprensión y persecución, muchos continúan, aún hoy, con valentía, abriendo el corazón y la mente para acoger la invitación de Cristo a encontrarlo y convertirse en sus discípulos. No hacen ruido, pero son como el grano de mostaza que se convierte en árbol, la levadura que fermenta la masa, el grano de trigo que se destruye para crear la espiga. Todo esto, si por un lado da consuelo y esperanza porque muestra un incesante fermento misionero que anima a la Iglesia, por el otro debe colmar a todos de un renovado sentido de responsabilidad con la Palabra de Dios y la difusión del Evangelio.

   Queridos amigos, ser evangelizadores no es un privilegio, sino un compromiso que viene de la fe. A la pregunta que el Señor dirige a los cristianos: “¿A quién mandaré y quién irá por mí?” respondéis con el mismo coraje y la misma confianza que el Profeta: “Heme aquí: envíame” (Is 6,8). Os pido que os dejéis impregnar de la gracia de Dios y que correspondáis dócilmente a la acción del Espíritu del Resucitado. Sed signos de esperanza, capaces de mirar al futuro con la seguridad que proviene del Señor Jesús, que ha vencido a la muerte y nos ha dado vida eterna. Comunicad a todos la alegría de la fe con el entusiasmo que proviene del estar movidos por el Espíritu Santo, porque Él hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21.5), confiando en la promesa hecha por Jesús a la Iglesia: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
   Al final de esta jornada pidamos también la protección de la Virgen María, Estrella de la nueva evangelización, mientras que de corazón os acompaño a cada uno de vosotros y vuestro compromiso con la Bendición Apostólica. Gracias.
Benedicto XVI en el Congreso de Nuevos evangelizadores

miércoles, 19 de octubre de 2011

EL GIGANTE SE HA DESPERTADO

    Parecio despertar en Roma el fin de semana pasado.
    En visperas de la semana misionera, el 15 y 16 de octubre tuvo lugar el Congreso "Nuevos evangelizadores para la nueva evangelizacion: La Palabra de Dios crece y se extiende". 
   Mas de treinta conferencias episcopales, 400 representantes de ciento quince realidades eclesiales comprometidos en la evangelizacion, 10000 jovenes listos a comprometerse en la mision: son las cifras de la primera ola de evangelizadores que han respondido a la llamada del Consejo pontifical para la nueva evangelizacion, creado por Benedicto XVI.  
   Se trataba de reunir a quienes YA están desarrollando la nueva evangelización. Rezar juntos. Intercambiar experiencias. Encontrar al Papa.
   
  
    Monseñor Rino Fisichella, presidente del dicasterio vaticano, explicó cómo la secularización y el relativo debilitamiento de la fe han confundido a los hombres provocando una verdadera y propia crisis antropológica, que ha afectado a partes importantes del clero y de la Iglesia católica. 
  De aquí la necesidad de una Nueva Evangelización fuera pero también dentro de la Iglesia. “Muchos, equivocándose, dijo el Cardenal, han pensado que el anuncio explícito ya no es necesario y que sólo el testimonio de vida es el camino de la nueva evangelización", por este motivo " es tiempo de abrir las puertas y volver a anunciar la resurrección de Cristo de la que somos testigos.“El testimonio comporta el anuncio explícito de por qué se elige vivir siguiendo a Cristo”.
 
   Julián Carrión, responsable el movimiento Comunión y Liberación explicó que la cultura ha de se sanada por la fe. Que, como en el caso de los injertos, se necesita hacer un corte en la cultura e insertar la fe, de modo que los frutos de la cultura puedan ser buenos y muchos. No basta con yuxtaponer ni contraponer la fe y la cultura. Hay que injertar.
 
   Kiko Argüello, del Camino Neocatecumenal, hizo una buena exposición del papel de la familia en la nueva evangelización. Explicó que la credibilidad del anuncio cristiano hoy ha de darla la comunidad, y no el individuo aisladamente. Cada época tiene su acentuación pastoral, y la de ahora es: formar  una comunidad cristiana en la que el mundo vea que existe el amor en la dimensión de la cruz. Explicó muy bien que la fe de cada uno ha de ser examinada objetivamente por la Iglesia para que no se llame fe lo que no lo es. Y que a las familias en misión se les abrían mas facilmente, y con mayores frutos las puertas que a los presbíteros en misión a veces se les cerraban.


   El representante de la Renovación Carismática, Salvatore Martinez habló de la importancia de la presencia de los católicos en la vida política. La Iglesia no es un partido ni debe fundar un partido, porque eso le resta imparcialidad. Lo que debe hacer es formar en Cristo a hombres nuevos, capaces de hacer nueva política para liberar a nuestra época de la multiplicación de las estructuras de pecado”.

  Este hombre, Don Gigi Perini, es el fundador de las “Células parroquiales de evangelización”. Dijo que él era antes parroquiano que párroco, porque lo primero lo había sido y lo seguía siendo por más años. Explicó que el párroco ha de sentirse antes y también parroquiano. “Es necesario -dijo- que ¡el gigante dormido que es la parroquia se despierte! Una parroquia dinámica, cargada del amor de Dios, que fascine a sus fieles y que los interpele a la evangelización: es posible”.Habló de la parroquia como la estructura base de la nueva evangelización. Parroquias llenas de alegría.Fue un buen punto en un encuentro dominado por la visibilidad de las nuevas realidades y movimientos.

   Los “Abuelos por la nueva evangelización”(en América hay de todo) hablaron de la importancia de la figura del abuelo como evangelizado y evangelizador de los niños.
  Adriano Roccucci, de laComunidad de San Egidio, comentó que Italia está envejeciendo y que el porcentaje más elevado de jóvenes no es italiano. Por este motivo, es necesario dar una repuesta en la caridad, “que es el primer mensaje evangélico”.
   El escritor  Vittorio Messori intervino hablando sobre Occidente y sus cuestionamientos con respecto a Cristo. 

  

  El astrofisico italiano Marco Bersanelli propuso una réflexion sobre la Ciencia y la fe. 
   Mgr Fabio Suescun Mutis, obispo en Colombia, presento las experiencias de la nueva evangelizacion emprendidas en su pais. 
    Los participantes tuvieron una audiencia con el Santo Padre el sabado por la tarde, y la celebracion de la Eucaristia por el presidida el domingo. En los proximos dias quiero compartiros las palabras que les dirigio.
    El domingo anuncio la publicacion de la carta apostolica "Porta fidei" con la que ha convocado oficialmente el AÑO DE LA FE. 


  El Papa invita a los catolicos a "comprometerse de manera activa en favor de la nueva evangelizacion para redescubrir la alegria de cree y volver a encontrar entusiasmo en la comunicacion de la fe"